21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
| Iglesia en la Semana | Edición:

Pastoral orgánica y de conjunto

Publicado en web el 23 de Mayo, 2019

En la semana antepasada hemos hablado de un modelo de pastoral voluntarista, en el que toda responsabilidad, creatividad y organización radica en la persona que está al frente, generalmente el párroco, dejando a los demás un papel solamente ejecutor. La semana pasada hablamos de otro modelo de pastoral centrado en movimientos y asociaciones, donde los laicos tienen poco espacio, siempre como colaboradores y no como protagonistas; por otra parte, muchos de estos movimientos tienen su epicentro fuera de la parroquia y responden a una organización nacional e incluso internacional, pudiéndose hablar de un conjunto de pastorales, pero no una pastoral de conjunto.
La necesidad de organización pastoral y el redescubrimiento de los diversos ministerios y carismas que el Espíritu da a todos los cristianos, puestos en común para el crecimiento mutuo, hacen ahora hablar de un modelo de acción pastoral orgánica y de conjunto. Este modelo nace a la luz de la eclesiología del Concilio Vaticano II, aunque ya se fue gestando antes, en algunas parroquias del centro de Europa. La eclesiología subyacente es en la que prima la imagen de la Iglesia como Pueblo de Dios y en el redescubrimiento de la importancia de las Iglesias Particulares, dándose, de la misma manera, la dimensión diocesana de la pastoral. En este modelo, por tanto, se equilibra el particularismo del modelo voluntarista, así como la universalidad del modelo de movimientos y asociaciones.
En este modelo se da mucha importancia a la dimensión social de la fe, llevándola a espacios concretos donde podría ser capaz de ir teniendo impacto evangelizador y transformador. Se reconoce que en la Iglesia, por el bautismo, hay una igualdad básica y que todos los bautizados reciben la misión que Cristo confió a toda la Iglesia: evangelizar. Se reconocen los distintos ministerios, carismas y dones del Espíritu que distribuye entre los ministros ordenados, los religiosos y los laicos, por lo que la acción pastoral orgánica y de conjunto lleva a unas relaciones interpersonales más fraternas y no de separación entre clero y laicos.
Se llama orgánica porque pretende una mayor organización y sistematización por medio de planes, que tienen un fundamento en las técnicas y las metodologías de las ciencias administrativas y que buscan una mayor eficiencia en la administración de los recursos, especialmente humanos, y el factor tiempo. Se llama de conjunto porque vincula y articula pequeñas comunidades, grupos parroquiales de servicio (de la pastoral profética, litúrgica y social), movimientos y asociaciones, respetando su particular carisma, pero encauzados todos por un objetivo y un plan común.
Sin embargo, se debe evitar un gravísimo riesgo: dejar la planeación a técnicos que pueden llegar a sustituir a los mismos agentes de pastoral. Se podría contar con un plan perfecto, pero sin espíritu, pues los “especialistas” no tienen la mística cristiana, el conocimiento de la eclesiología conciliar ni la experiencia vital de Iglesia. Un plan sin espíritu puede llevar a que lo institucional prevalezca sobre lo pastoral y, a la larga, al desencanto pastoral.

Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través del feed RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar un comentario. Actualmente los pings no se admiten en esta entrada.

Responder

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>



  • Artículos relacionados

  • Más en esta Sección

  • Todas las secciones

  • Números Anteriores

 
2019 Semanario – Órgano de formación e información Católica – | Entradas (RSS) | Comentarios (RSS)