17 de Julio de 2019
Año XX
No. 1171
| Formación | Edición:

“Dr. Actitud”

Publicado en web el 13 de Junio, 2019

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Dr. Juan Pablo Aguilar Meza

“Dr. Actitud”

Qué relajante es disfrutar de estar en este momento en este lugar, independientemente de las posibles carencias o anhelos que seguramente, en mayor o menor grado, todos tenemos. ¿Cuándo fue la última vez que sentiste esa sensación? ¿qué tan frecuente te sucede?

En ocasiones escuchamos (o decimos) frases del tipo “necesito días de 36 horas”, “no me alcanza el tiempo” o “como siempre, ‘corre y corre’”; ese estrés del vivir corriendo o bajo presión ¿es acaso una vida bien vivida?

En mi penúltima publicación escribí sobre la importancia de estar en paz con nuestro pasado; en esta ocasión dedico estas líneas a compartirte 10 tips sencillos pero funcionales que han sido de mucha utilidad a las personas con las que he tenido sesiones de coaching y, claro está, para mí mismo, esperando también sean para ti un nuevo punto de partida hacia una nueva actitud hacia el presente:

1. Elige con qué actitud vas a afrontar lo que estás haciendo, (esta decisión depende únicamente de ti).

2. Elige conscientemente tus actividades, dedica tu energía a cosas que valgan la pena (hasta no hacer nada cansa).

3. Enfócate en el “aquí y ahora” más que en lo que en los “si hubiera” o los “si tuviera” o preocupándote por lo que pasará después.

4. En lugar enfocarte en los problemas, dirige tus pensamientos y actividades a conseguir lo que necesitas (no siempre es lo mismo lo que queremos que lo en realidad necesitamos).

5. Enfócate en lo posible, en lugar de lo imposible.

6. Si algo te parece difícil, pero vale la pena, genera opciones para lograrlo en lugar de excusas.

7. Planea tu día, pero está dispuesto a adaptarlo cuando sea necesario (sin que esto signifique cambiar el resultado que buscas). “lo único que no cambia es que siempre hay cambios”.

8. El estrés es un exceso de presente, permítete tener tu mente sólo en el momento y el lugar en el que estás, “El que mucho abarca, poco aprieta”.

9. Distingue qué se logra con fuerza de voluntad y qué se logra soltando (por ejemplo, para conciliar el sueño se necesita soltar).

10. Si tienes muchas cosas por hacer, anótalas y priorízalas; al ponerlas en una lista descargarás tu mente y verás que te parecen más manejables.

Te invito a renovar tu actitud ante el presente ya que de ésta depende en gran parte lo que decidas, lo que hagas y los resultados que obtengas.

reingenieriaactitudinal.com

Arquitectura personal

¿Estás presente en el presente?

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El valor de mi vida está en mi historia

El Estoico

José Andrés Guzmán Soto

Frente a la vida descubrimos varias posiciones encontradas: unos aman la vida, la disfrutan, la gozan, la viven a plenitud; otros la detestan, la desprecian, la destruyen, la matan; y muchos más ni siquiera piensan en ello, solo sobreviven, soportan con indiferencia su existencia.

Ciertamente no pedimos vivir, no escogimos venir al mundo, ni seleccionamos el lugar, el tiempo, la familia, el país para nacer; nacimos, vivimos y probablemente nos moriremos en una sociedad, en una cultura determinada donde estamos conviviendo con otros con quienes compartimos nuestra existencia y construimos nuestras historias.

Algunos estaremos agradecidos con Dios y con nuestros padres el que nos hayan dado la vida, nos hayan dado amor, educación, valores y principios a partir de los cuales seguimos construyendo nuestra historia personal; otros, quizás, reniegan de haber venido al mundo y reclaman a sus padres el existir en un ambiente de carencias, de pobreza, de desamor o de violencia por lo que para ellos la vida es un error y una desgracia.

¿Por qué esta contradicción? ¿Por qué esta situación tan paradójica y llena de claroscuros? ¿Por qué estas visiones tan encontradas?

No es sencillo de explicar, pero conviene reflexionar un poco para entender y comprender el valor de nuestra vida, el valor de estar en el mundo, la alegría de vivir.

La vida de un don de Dios y un regalo de la naturaleza humana para continuar nuestra especie y prolongar nuestra humanidad; la vida y más la vida humana es el gran milagro del universo y cada uno de nosotros somos una gota única y especial del mar humano que habita en esta tierra patria, como diría Edgar Morin.

Además, cada uno de nosotros somos individuos únicos porque tenemos una personalidad única que nos ayuda a forjar nuestra propia historia y nuestro proyecto de vida personal, escrito cada día en el libro de la vida, de la sociedad y de la cultura. Somos nosotros y sólo nosotros los que construimos nuestra vida como éxito o como fracaso.

En nuestra libertad está el valor de una vida digna que trascienda el tiempo y el espacio y se convierta en una herencia para las futuras generaciones porque está basada en principios y construida con valor y esfuerzo, con dolor y lágrimas, pero también con alegrías y gozos. Tenemos en nuestras manos nuestro proyecto de vida que nos toca realizar día a día, luchando en un mar de adversidades pero con la fe puesta en Dios y la confianza en nosotros mismos.

La verdadera alegría de vivir está en la paz interior, en la sabiduría del pensar y en la trascendencia del hacer.

Por ello, con Pierre Hadot, recordamos esta frase a tener presente siempre: “No te olvides de vivir”.

Aprender y enseñar el valor de la vida

PAIDEIA

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Padre presente

y amoroso

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Cristina Parra Aguirre

A San José le tocó ser el Padre de Jesús en la tierra. Le tocó enseñar a caminar a aquél que es el Camino. Le tocó enseñar a hablar a aquél que es la Palabra. Le tocó educar a aquél que es la Verdad. Le tocó recibir y alimentar a aquél que es la Vida.

El padre varón tiene un papel fundamental, insustituible en la familia, y en la vida de los hijos. Debe ser figura y reflejo del amor de Dios para su esposa e hijos. Por eso es importante que tenga una fe sólida, que frecuente los sacramentos, que lleve una relación con Dios, para que de Él pueda aprender cómo hacer mejor su labor.

Es necesario que el papá asuma su rol con autoridad (entendida como servicio amoroso, no como imposición). Es la cabeza de la familia, le corresponde ser el protector, el proveedor, el formador, el guía, el principal educador en la fe.

SER CABEZA: Es asumir la responsabilidad de dirigir su familia, tomar –junto con la esposa- las mejores decisiones para sacar adelante la familia.

PROTEGER: De los peligros, de los riesgos, de las asechanzas, de las tentaciones, de todo lo que puede dañar a su familia.

PROVEER: Lo necesario en lo material para que crezcan sanos, fuertes y seguros con casa, vestido y sustento.

FORMARLOS: En valores, darles educación para que aprendan y desarrollen sus talentos, inculcarles participar en deportes, aprender artes.

GUIARLOS: Para que puedan ir tomando las mejores decisiones, superando las dificultades, enfrentando los retos.

EDUCAR EN LA FE: Es dar testimonio, es vivir en casa como Iglesia Doméstica y en la comunidad parroquial como familia; participando en los sacramentos, en las actividades pastorales y litúrgicas.

Los papás aman de manera distinta de las mamás, no es que no sientan, no es que no quieran, por su propia naturaleza masculina lo manifiestan de manera diferente. Mientras más se involucren los papás en la vida y actividades de sus hijos, más honda huella dejarán en sus corazones. Cuando los acompañan a sus partidos, sus presentaciones, sus festivales; cuando conocen a sus amigos y conviven con ellos; cuando se dan tiempo de hacer cosas juntos: cocinar, jugar juegos de mesa, ver películas, practicar deportes juntos, salir de vacaciones o de paseo; cuando pasan tiempo dialogando sobre lo que les gusta, lo que temen, lo que sueñan.

Nunca es tarde para aprender, para comenzar. A veces papá no tuvo esa figura en su vida, no aprendió a ser papá… tengamos la humildad de reconocerlo e iniciar. De Dios aprendemos el amor incondicional, que nos amó primero, que es el Buen Pastor, etc. También nuestros hijos nos saben dar grandes lecciones de amor, su sinceridad y autenticidad nos pueden dar las pautas para cambiar.

El Verdadero valor

Desde el Corazón

Saber hablar

con dulzura a los hijos

Querida Lupita:

Necesito saber qué hacer ya que mi esposo se transforma cada vez que toma. Se vuelve violento y nos agrede con palabras a sus hijos y a mí. Los niños están creciendo y noto que se asustan mucho, ellos tienen 4 y 2 años. No quiero que crezcan en este ambiente.

Alma de Ma. R.

Hermana mía, Alma:

Cada hogar debe conformarse totalmente libre de violencia. Todos los esfuerzos que hagamos por crear ambientes armónicos, llenos de respeto, deben alentarse y sostenerse.

La ciencia ha comprobado los efectos dramáticos que ocurren en nuestro cerebro cuando nos han sometido a palabras y tratos ofensivos. Si gritamos o humillamos a nuestros hijos, estamos ejerciendo sobre ellos lo que se conoce como abuso verbal. Estas son sus consecuencias:

l El daño cerebral que se produce cuando eres abusado físicamente es el mismo que se produce en el abuso verbal.

l La agresión verbal cambia la estructura de desarrollo del cerebro, lo perjudica.

l Si los padres humillan, son fríos, o destruyen verbalmente a sus hijos, no borrarán el daño causado.

l Algunas consecuencias del maltrato verbal que les acompañarán siempre: depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, auto destrucción y auto crítica.

Es nuestro deber como padres, educar a nuestros hijos con amor y en un entorno de paz. Si una adicción o cualquier otra causa, nos lleva a lastimarlos, debemos erradicarla por completo. El padre alcohólico debe buscar ayuda y la madre velará por el bienestar e integridad de sus hijos, protegiéndolos del padre agresor con ayuda de familiares, amigos y expertos. Si es necesario, la separación física del cónyuge agresor, es un medio lícito para encontrar soluciones. Dios quiere el bien de todos sus hijos, especialmente de los más vulnerables.

Oremos por todos aquellos que practican el abuso verbal y físico, para que encuentren la red de apoyo por la que saldrán de su problema y dejarán de hacer tanto daño (a otros y a sí mismos). En esta vida hay que dejar huellas y no cicatrices.

Si tú has maltratado a tus hijos, recuerda: Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia (Efe. 4, 31). ¡Busca ayuda!

Por cada gota de dulzura que alguien da, hay una gota menos de amargura en el océano del mundo (Santa Teresa de Calcuta).

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

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