17 de Julio de 2019
Año XX
No. 1171
| Cultural | Edición:

Sin religión, el mundo es mejor Fabián Acosta Rico

Publicado en web el 13 de Junio, 2019

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Sin religión,

el mundo es mejor

Fabián Acosta Rico

Entiendo que hay una diferencia entre un ateo y agnóstico; una de orden moral y epistémico; el ateo no solo niega la existencia de Dios además lo detesta como idea o como figura; con tal lo considera pernicioso o nocivo para el ser humano. A las religiones y las iglesias les achaca los males y las desventuras del mundo.

Para el ateo, la gente arma guerras; nos matamos entre nosotros por la incompatibilidad entre nuestros dioses; por temas tan teologales como la aceptación de un Dios único o la fe en una pluralidad de divinidades. De Hans Küng, el teólogo que llegó a rivalizar y polemizar con el Papa Benedicto XVI, su frase más emblemática y conocida es: “No habrá paz entre las naciones, sin paz entre las religiones”. ¿Será?.

El ateo odia a Dios y con Él a la religión. Un agnóstico es igual o más descreído que un ateo; considerando que muchos ateos con sus fobias religiosas parecen avalar la realidad de aquello que niegan, pues nadie puede odiar con fervor algo que no existe. Para el agnóstico, Dios y la religión no son un problema; su falta de fe en lo divino no es producto de ningún odio o resentimiento, sino de sus saberes filosóficos o científicos.

En el lado contrario están aquellos como Ken Wilber, el psicólogo transpersonal, que sostienen que Fe y Ciencia no están contrapuestos; que por el contrario cada una tiene sus áreas de competencia en el mundo y en el ser humano.

A su vez, el científico Edward Osborne Wilson, padre de la Sociobiología, se asume como pensador e investigador, como un agnóstico sincero y un ateo casi militante. El también principal exponente del Neodarwinismo, en una reciente declaración, afirmó casi poéticamente (al más puro estilo de Carl Sagan) que la Tierra padece: “una muerte a través de mil heridas” y la culpable es la Religión por lo que es imperioso desaparecerla, deshacernos de ella para provecho del progreso humano. Esta postura la desarrolla más en el que será su próximo libro; donde analiza el futuro de los humanos y la Tierra; mientras tanto, en la última edición de la New Scientist, adelantó que desde su experiencia como científico (uno de sus objetos de estudios preferidos son las hormigas), ha podido concluir que la humanidad ha estado destruyendo el planeta con mil cortes dado que aún no ha logrado superar sus estructuras tribales; nos seguimos comportando como seres primitivos, casi como animales, con un acendrado sentido de territorialidad y de exclusión hacía el que no pertenece a nuestro grupo humano, cultura, civilización… y en este tribal sentir y actuar han contribuido, manteniéndolo y reforzándolo, las religiones, dado que cada tribu (nación, pueblo, grupo…) tiene sus propios dioses, niega a los ajenos y rivaliza con el que no profesa su credo casi de manera instintiva. Es por esta sencilla razón, sustentada en esta reflexión, que para bien del progreso humano debemos eliminar gradualmente a las religiones.

Desde mi punto de vista, el Doctor Wilson podrá ser toda una eminencia en el campo de la Biología (como lo fue Steven Hopkins, en la astrofísica), pero es manifiesto que desconoce mucho acerca de las religiones y la espiritualidad; la mayoría de las confesiones y credos (salvo raras excepciones) hablan del amor, el respeto y la hermandad. Claro que ha habido episodios en la historia de la humanidad, como las Cruzadas, en las que dos religiones distintas se han declarado la guerra; pero nunca ha sido la fe la única razón de estas disputas; detrás de ellas ha habido otros intereses de orden político y económico.

Cuando la Religión se ha dejado influenciar por la política, las ideologías o los intereses mundanos, se ha desvirtuado y servido de pretexto para el odio y la ambición. Pero, salvo, la mejor opinión de mis lectores: la Religión y las religiones no son en sí las causantes de los males de la humanidad como lo sostiene el Padre de la Sociobiología; no es por una necedad o atavismo tribal-religiosa que estemos acabando con los recursos naturales del mundo, extinguiendo a las especies silvestres y contaminando los ecosistemas; detrás de esta tragedia planetaria está la ambición monetaria y la muy laica y secular ideología neoliberal en la que se fundamenta nuestro modelo económico y cultural: global, progresista y depredador: que antepone la ganancia al bienestar tanto de los seres humanos como al del resto de las creaturas de la tierra.

Edward Osborne Wilson.

Sociedad Líquida

En casa con mis monstruos

Una apología del romanticismo

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María Fernanda Matos

El Museo de las Artes (MUSA) presenta más de novecientas piezas divididas en ocho núcleos temáticos, que dan cuenta de las fuentes que han llevado a Guillermo del Toro a expresar sus propias fantasías en el cine. A semejanza de los antiguos gabinetes de curiosidades se reúnen de manera ecléctica objetos del mundo de las ciencias, las artes, la magia o el ocultismo. Entre laberintos y construcciones góticas revestidas con grandes cortinajes y ambientadas con efectos sonoros y contrastes luminosos, van apareciendo los elementos que el autor absorbió de la literatura, las artes plásticas, la ciencia ficción y el arte popular, donde no podrían faltar las figuras de Frankenstein y Drácula, esos personajes surgidos del espíritu romántico para desafiar la muerte.

Un halo melancólico y una añoranza por lo antiguo emanan de esa variedad exuberante de representaciones simbólicas donde lo esotérico, misterioso y macabro –propios del romanticismo dieciochesco– se entrelazan con el arte popular y la mitología medieval, a lo largo de un recorrido abundante en obras que llevan encriptada una visión trágica del mundo. La presencia de la literatura es fundamental en la muestra: ilustraciones de cuentos – ese género literario tan cultivado por los románticos – libros, manuscritos y alusiones poéticas, participan armoniosamente con cuadros de artistas reconocidos, compartiendo espacios con toda clase de artefactos que atestiguan las correspondencias ocultas que guardan entre sí, cosas de apariencia disímbola.

Marie Shelley, Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Juan Rulfo, Agustín Yáñez, Francisco de Goya, José Guadalupe Posada, Julio Ruelas, Roberto Montenegro, José Clemente Orozco, Diego Rivera, Francisco Toledo, José Fors, Abel Quezada, Walt Disney, son algunos cuantos de los múltiples autores que se dan cita en el MUSA, junto con insectos, monstruos, arpías y quimeras; relojes, muebles y vestuarios, para mostrar el cruce de referencias inscritas en la memoria de Guillermo del Toro, que incidieron en su producción cinematográfica para llevarlo a forjar una realidad que lleva la huella romántica del misterio y el terror.

Sinfonía de Dios

Sergio Padilla Moreno

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de la Santísima Trinidad, misterio ante el que muchas veces se nos quiebra el entendimiento debido a que queremos acercarnos con la razón, cuando el camino es a través del corazón por vía del silencio, la contemplación… y de rodillas. Conviene recordar la anécdota que se platica sobre San Agustín cuando vio en la playa a un niño que pretendía meter el océano en el agujero que hizo en la arena, hecho que calificó el santo como imposible, obteniendo entonces la famosa respuesta del niño: “es más fácil que yo meta toda el agua del mar en este agujero, que tú llegues a entender el misterio de la Santísima Trinidad”. Sin embargo, hay varias vías para acercarnos a la contemplación del misterio, siendo una muy rica el planteamiento del teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1905 – 1988) en su libro “La verdad es sinfónica”.

Dice el teólogo: “A través de su revelación, Dios ejecuta una sinfonía, en la que no se sabe qué es más rico, si la armonía de su composición o la orquesta polifónica de la creación que la interpreta. Antes de que el Verbo de Dios se hiciese hombre la orquesta que es el universo tocaba más bien sin obedecer a ningún plan u orden preconcebidos […] Entonces vino el Hijo, el «heredero universal», por cuya causa había sido reunida también toda la orquesta. La pluralidad de instrumentos que la componen adquiere sentido cuando interpreta, bajo la dirección de Cristo, la sinfonía de Dios. La unidad de la composición procede de Dios. Por eso el mundo era y es plural, y lo seguirá siendo cada vez más […] Pero el sentido de su pluralismo no consiste en rechazar la unidad que radica en Dios y que es comunicada por él, sino en adherirse a la sinfonía y en ajustarse a la unidad que está por encima. En cuanto a los oyentes, no son otros que los propios intérpretes: al interpretar la divina sinfonía -cuya composición en modo alguno puede ser comprendida a partir de cada uno de los instrumentos, ni de su totalidad- todos experimentan para qué han sido reunidos. Al principio se sentían extraños los unos a los otros, incluso hostiles. De repente, cuando empieza el concierto, ven con toda claridad cómo sus diferentes voces no se limitan a sonar al unísono, sino que se integran en la superior belleza de la sinfonía.”

Es así, que el arte, especialmente la música, puede ser un vehículo que nos haga contemplar la armonía del Padre, Hijo y Espíritu Santo con la creación entera y el ser humano. En este contexto los invito a escuchar una de las más bellas obras para coro, solistas y orquesta: “La creación” (Die Schöpfung) de F.J. Haydn.

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Haydn Die

Schöpfung Leonard Berstein

Ars Cordis

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