21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
| Formación | Edición:

Mtro. Jorge Iván García Morando*

Publicado en web el 6 de Julio, 2019

formacion

A diez años de

la Caridad en la Verdad

Mtro. Jorge Iván García Morando*

Este 29 de junio se cumplen diez años de la publicación de la encíclica Caritas in Veritate del Papa Benedicto XVI. A diez años de distancia considero que una de las preguntas que deberíamos realizarnos es ¿De qué manera hemos contribuido al desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad?

A una década de diferencia habría que recordar ciertos acontecimientos sociales, religiosos, políticos, económicos y culturales que le antecedieron y, por los cuales, el Papa emérito ponía su preocupación ante la eminente pérdida de sentido y desviación que ha sufrido y sufre la caridad en nuestros días, así mismo su separación de la ética vívida con la finalidad de evaluar la acciones y decisiones de la responsabilidad moral:

“De aquí la necesidad de unir no sólo la caridad en la verdad, en el sentido señalado por San Pablo de la <<veritas in caritate>> (Ef 4,15), sino también en el sentido, inverso y complementario, de <<caritas in veritate>>”.

De ahí que entendamos que, en Cristo, la caridad en la verdad se convierta en el Rostro de su Persona, es decir, desde la verdad se puede reconocer a la caridad como expresión de la humanidad y como proyecto de acción.

¿Cómo entender el bien común, el desarrollo solidario, la exigencia de justicia y caridad cuando hemos pasado de la gran recesión económica del 2008 a la guerra comercial y energética de nuestros días?

¿Cómo entender la primera verdad de la Populorum progessio donde toda la Iglesia (en todo su ser y obrar, cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad) tiende a promover el desarrollo integral del hombre cuando la falta de testimonio, el confort, la doble moral y la espiritualidad en horas bajas confrontan ad intra y ad extra de la parroquia?

¿Cómo entender el desarrollo humano integral como vocación cuando dicha vocación al progreso no está en aras del impulso del hombre a hacer, conocer y tener más para ser más?

¿Cómo entender el resguardo de la persona en su integridad, del principal capital humano, cuando lo que vemos es la migración en sus diversas facetas, la explotación laboral y sexual, la desigualdad y la falta de oportunidades?

¿Cómo entender que la caridad en la verdad pone al hombre ante la experiencia del don, de la gratuidad, cuando nuestra experiencia se centra en el individualismo, en la falta de empatía y de fraternidad?

¿Cómo entender la responsabilidad social de las empresas en un mundo globalizado cuando Juan Pablo II advertía que “invertir tiene siempre un significado moral”, además de económico?

¿Cómo entender el cuidado de la casa común cuando la explotación indiscriminada de recursos naturales lacera constantemente a nuestra casa?

En fin, Benedicto XVI concluye con las palabras del Apóstol en su carta a los Romanos: “Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo” (12,9-10).

Coordinador de Proyectos

Sociales y Religiosos

•UNIVA Plantel Guadalajara

Enseñar a Vivir

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Fortalece

y defiende la familia

Cristina Parra Aguirre

Una de las causas de la descomposición del tejido social es el debilitamiento de la familia, del núcleo donde todos los individuos comenzamos nuestra existencia. Hay muchas fuerzas externas que pugnan por su destrucción; no es ficción es triste realidad.

Se promueve la promiscuidad, la hipersexualización de la infancia y adolescencia, se mofan de quienes pretenden vivir los valores, se exalta el libertinaje, se festeja a quien rompe las reglas, se presentan como héroes quienes engañan, violentan, corrompen, pervierten, etc.

¿Cuál es el resultado de vivir según este modelo de vida? Divorcios, depresión, suicidios, soledad, padres adolescentes e irresponsables, contagio de enfermedades de transmisión sexual (ETS), abandono emocional, bajo rendimiento o deserción escolar y laboral, crisis económica, vicios, etc.

¿Qué hacer entonces? Volver a la raíz, al diseño original, a lo natural, a asumir cada quien el rol que le corresponde en el matrimonio, la familia y la sociedad para que el desarrollo pueda ser armónico, sano, justo, en paz.

Dice la Encíclica Familiaris Consortio que la familia es una íntima comunidad de vida y amor, donde se custodia, revela y comunica el amor. Es importante que la familia comience sabiendo por qué y dónde va, que asuma su responsabilidad para con ellos mismos, con la sociedad, con la Iglesia. Que los jóvenes se conozcan lo suficiente, se enamoren, se preparen tanto en lo humano, lo material y lo espiritual para estar listos para asumir un compromiso libre, por amor para una unión indisoluble con el Sacramento del Matrimonio.

Que el varón sea cabeza de su familia y junto con la esposa, ayuda idónea, compañera, amiga y confidente, formen una familia donde brinden a los hijos todo aquello que tienen derecho a recibir de sus padres:

a) en lo material: Casa, vestido y sustento.

b) en lo afectivo/emocional: cariño, atención, apego, seguridad, estabilidad, seguridad.

c) en lo intelectual: oportunidades de estudio y desarrollo también en lo cultural, deportivo, social; pero también que aprendan a poner límites, reglas claras, tolerancia a la frustración, esfuerzo.

d) en lo espiritual: una vivencia de fe en el hogar, donde se enseñe, -sobre todo con el testimonio- la oración, la participación en los sacramentos, la práctica de los valores, principios, las obras de misericordia corporales y espirituales.

Mi deseo es que, en tu familia, cada persona se sepa y sienta aceptado, amado, querido, apoyado y que la presencia de Dios entre ustedes, sea factor de unidad, amor, comprensión y respeto. El Magisterio de la Iglesia posee una gran riqueza que puedes aprovechar para aprender cómo vivir estos valores y principios.

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Aprender y enseñar

el Discernimiento

El camino de la vida transita por el discernimiento

El Estoico

José Andrés Guzmán Soto

Una de las cualidades que sólo tienen los seres humanos es la capacidad de reflexionar sobre un hecho, un acontecimiento, una actitud o un comportamiento y hacer un discernimiento y tomar una decisión; es decir, hacer un juicio justo sobre alguna acción y opinar o decidir sobre el hecho.

En el momento actual, existen múltiples factores tanto personales como sociales que influyen de manera determinante en el buen juicio de quien toma una decisión o da una opinión, como la educación, la cultura, los valores familiares y de manera muy determinante los medios de comunicación y el sistema sociocultural que impone sus valores.

Ejemplos los tenemos a diario: hay personas de doble cara, cuyo discernimiento o juicio se guía por una doble moral, manga ancha para ellos y manga corta para los demás; otros basan sus juicios sobre el famoso “qué dirán los demás”, o qué van a pensar los que nos conocen; existen, además los que hacen juicios para quedar bien con “los de arriba”, o por temor a perder el empleo o para no ser excluidos del grupo social en que se mueven.

Existen también muchas personas, que dejándose manipular por los medios de comunicación o la publicidad, basan sus juicios en lo que opina la radio, la televisión o las famosas redes sociales y se convierten en “jueces” de las acciones o decisiones de otras personas.

Por otro lado están las personas, cuyos juicios están fundamentados en dogmatismos y fundamentalismos sean ideológicos, políticos, religiosos, científicos y hasta filosóficos, de tal manera que se sienten dueños y poseedores de la verdad absoluta, tachando los juicios de los demás como erróneos o falsos.

Pero, lo más grave está en aquellas personas que hacen su discernimiento o juicio con base en el odio, la venganza, la corrupción, la mentira para destruir a los demás en su honor y dignidad, causando la muerte moral y a veces física de las personas.

Ante esta realidad, es necesario revertirla y buscar la manera de aprender y enseñar el buen discernimiento, el buen juicio que ayude a construir una sociedad más justa, una sociedad más responsable, más incluyente y más tolerante.

Un buen discernimiento debe tener como base la honestidad y la sinceridad de quien emite un juicio, reconociendo que es humano, puede estar en el error y está dispuesto a reconocerlo con razones suficientes.

Un buen juicio tiene como base el bien y el respeto a la dignidad de las personas con tolerancia y amor.

Recordemos siempre que un buen discernimiento es un don, es un regalo para hacernos más humanos, para una mejor convivencia humana, para construir un mundo mejor. Está en nuestras manos hacerlo.

El éxito de Mario

Martin Gerardo Cruz

Se presentó Mario para recibir los resultados de su examen psicológico, para entrar a laborar en una compañía inmobiliaria, comprobando una vez más las fortalezas hereditarias y las habilidades que ha desarrollado académicamente y por experiencia de trabajo. Seguro está, que pronto tendrá su empresa a pesar de su corta trayectoria y que su dinamismo lo llevará a grandes alturas en los negocios, causando admiración de muchos, por su juventud.

Sabe que es líder natural, y puede motivar equipos. Su capacidad de creatividad e innovación son singulares. Así como su fuerza de voluntad y determinación le han servido para superar obstáculos. Cuenta con una gran confianza en sí mismo. Es práctico y disciplinado.

Sin embargo le preocupa que tanto en las pruebas, como en los comentarios de sus jefes, aparecen también debilidades notables, como la crítica, la ira, el sarcasmo, la exigencia a los demás y la dureza semejante a la de un gánster. Así como la hostilidad y la violencia. Y su hablar cortante.

Afortunadamente tuvo unos padres que le encausaron moralmente, y más que golpes, con disciplina lo estimularon a dejar lo bajo y lo vil, y a escoger lo más noble. Estaba cansado también de sus debilidades de arrogancia e inflexibilidad. Sabía que no debía resignarse diciendo, así soy y así nací.

Porque él sabe que, el que busca encuentra, entendió que necesitaba dar un sí, en libertad a Jesús y a sus mandamientos, y que éste sí sincero abriría las puertas del cielo, para recibir la gracia de cumplir los mandamientos. Sabe que llegará a dársele la amabilidad, la empatía, ser comprensivo y considerado con los demás, la bondad y la caridad, de lo cual ha percibido humildemente que no los tiene por sus propias fuerzas. Todo esto lo podrá tener sin dejar sus cualidades, las cuales se maximizarán, y serán sus debilidades las que se verán restringidas. Simplemente recibiéndolo como un don y trabajando para adquirir hábitos nuevos y vencer la inercia.

Él quiere tener éxito integral, en su familia y trabajo; como el que ha visto, en personas que han tenido un encuentro con Jesús y que han perseverado en la fe, logrando objetivos personales y sociales.

OASIS PARA EL ALMA

PAIDEIA

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el vlog del
Padre Pollo

Aprende a ser libre y a vivir sin ataduras

Pbro. José Luis González Santoscoy

Cuantas veces no hemos sufrido por ciertas esclavitudes que experimentamos en nuestra vida y en nuestro interior. Dios nos ha hecho libres, pero nosotros nos aferramos a ciertas cosas, vicios, situaciones, personas o actitudes que nos roban la libertad, nos vuelven esclavos y nos impiden ser felices. Quisiera compartirte la parábola del elefante esclavo.

Se cuenta de un hombre que cuando era pequeño le gustaba mucho ir al circo y le fascinaba ver a los elefantes, pues son animales que impresionan por su tamaño, su fuerza y su peso. Le llamaba mucho la atención que después de la actuación de los elefantes, éstos quedaban sujetos solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y, aunque la cadena era gruesa y resistente, era obvio que, si aquellos animales eran capaces de arrancar un árbol con su propia fuerza, con mayor razón podían arrancar la estaca y huir fácilmente.

¿Por qué no huían pudiendo hacerlo? La respuesta está en que aquellos elefantes estaban amaestrados, habían estado amarrados a esa estaca desde que eran pequeños y así habían aprendido a vivir. Cuando estaban pequeños, esa estaca los limitaba y no los dejaba moverse con libertad. Después de muchos intentos fallidos, aquellos elefantes se dieron por vencidos, aceptaron su impotencia y se resignaron a lo que estaban viviendo.

Esos elefantes de los circos no escapan porque creen que no pueden hacerlo. Tienen una historia de fracaso y de impotencia aprendida y se han resignado a vivir así, sin hacer uso de la fuerza que tienen.

Muchos caminamos por la vida como esos elefantes, vamos atados a cientos de pequeñas estacas que nos limitan, nos condicionan y nos quitan la libertad. Desgraciadamente vivimos creyendo que no podemos realizar ciertas cosas o tomar ciertas decisiones difíciles, sólo porque una vez lo intentamos y no pudimos. Eso nos llevó a grabar en nuestra mente un “no puedo” o “no sirvo para esto”, y nosotros mismos nos condicionamos a ello.

Ánimo, no debemos desesperarnos cuando las cosas no nos han salido como esperábamos o en el momento en el que las deseábamos. Necesitamos aprender a ser perseverantes e intentarlo una vez más con todo el corazón. No nacimos para ser esclavos de nada ni de nadie, en nosotros está en llevar a cabo esos grandes cambios en nuestra vida. Nuestra esclavitud o nuestra libertad no depende de nadie, sólo depende de nosotros mismos. Tú eliges ser libre o ser esclavo.

Facebook: Padre José Luis

González Santoscoy

   

   

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