21 de Julio de 2019
Año XX
No. 1172
| Formación | Edición:

Vuela, Dios te dio alas

Publicado en web el 17 de Julio, 2019

f3formacion

¿Cuál generación es la mejor?

Mtro. Fernando N. Sánchez Martínez*

Hace tiempo escuchaba una discusión donde se planteaba y cuestionaba sobre las generaciones pasadas y presentes, ¿qué generación ha sido mejor? ¿Las de los 70´s, 80´s, 90´s? ¿Las del presente? ¿Qué ventajas tuvieron? ¿Qué han hecho por los demás, por el ecosistema, por revolucionar la economía y sacar adelante al país?

Esto me lleva a considerar ciertas ventajas y desventajas, una de ellas que ha generado mayor impacto es la globalización, ya que la era de la globalización ha permeado a las diversas áreas del conocimiento, no sólo los aspectos económicos, además de la cultura, la sociedad, la visión actual que tenemos sobre las cosas incluso sobre nosotros mismos, ha generado una visión sin la cual no podríamos explicar por qué somos como somos y nos comportamos como lo hacemos. La vida de las personas ha cambiado radicalmente, en el presente, contamos con las nuevas tecnologías que nos mantienen al tanto de lo que pasa en cualquier parte del mundo, tenemos el privilegio de contar con la ubicuidad, es decir, podemos estar en todos lados al mismo tiempo (algo parecido al concepto teológico de la omnipresencia de Dios), las redes sociales nos mantienen no sólo en comunicación, sino informados sobre lo que sucede en cualquier parte del mundo, la aldea global es una realidad el día de hoy.

Esto influye sobremanera en las personas, en las culturas y por ende, en la educación, actualmente, los llamados nativos digitales, todas aquellas personas que han nacido en el despliegue de la tecnología a partir de la década de los años 90, han sido educados con las nuevas tecnologías, lo que ha permitido un desarrollo rápido, sencillo y ágil en el manejo de las herramientas digitales, y los lleva a ensanchar sus habilidades educativas y profesionales. Por otro lado, los inmigrantes digitales, aquellas personas que estuvieron alejadas del uso de las nuevas tecnologías por cuestiones de tiempo o la capacidad para tener acceso a las mismas, tienen que especializarse para formar a las nuevas generaciones de nativos digitales, de manera que la motivación y la pasión por el conocimiento puedan regenerarse con la intención de desarrollar la creatividad que gracias a la experiencia de vida de las generaciones pasadas y aunado al contexto de las nuevas generaciones, logren generar expectativas para un futuro mejor.

Ahí considero que radica en su mayoría, la respuesta a las preguntas iniciales, no existen generaciones mejores o peores, todas en su circunstancia histórica, han tenido decisiones que han beneficiado o perjudicado a la humanidad. La cuestión principal radica en ¿qué tan dispuestos estamos para mejorar las condiciones de vida que nos ha tocado vivir? ¿Qué tan dispuestos estamos para dejar un mundo mejor a las futuras generaciones? ¿Y tú? ¿Y yo? ¿Y nosotros? ¿Qué estamos dispuestos a hacer?

*Docente-Investigador UNIVA

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Enseñar a Vivir

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Porque Dios

es comunión

de amor,

nosotros

somos vida

Víctor Corcoba Herrero

Todas las sendas marchan al unísono,

nos conducen hacia un mismo cielo,

nos inducen hacia un idéntico soplo,

a ir del brazo del abrazo de la Cruz;

un concebir que nos hermana y redime,

para ser fuertes y fuente de agua viva.

Si nosotros somos de los días el verso,

hagamos de la tierra un mar de luz,

repudiemos e impugnemos las batallas,

pasemos a otra dimensión penitencial,

a huir de la selva, coreando la salve,

que todo lo aplaca, conmueve y salva.

Vuelva el alba a nuestra alma pura,

la piedad, la esperanza y su espera,

reintégrese la pasión, llegue la paz,

hija del buen hacer y del mejor obrar,

hasta ser uno en la unidad del poema,

clareando rastros, aclarando rostros.

El mirar de Dios es un ver y un hacer;

un ver hacia abajo para elevarnos,

y un hacer de la pequeñez un nacer

grande, para crecernos mar adentro

y para recrearnos en la pertenencia

de un pueblo, que nada es, sin amor.

Hagamos silencio, interroguémonos

en soledad, seamos poetas en guardia,

abramos los ojos al mundo, respiremos

hondo, justamente para hacer memoria,

y poder conciliar el sueño y reconciliar

lenguajes que quisiéramos olvidar.

Pongámonos a las órdenes del corazón,

sin coraza alguna, con el entusiasmo

de ser manantial que sacia, con la alegría

gozosa de ser consuelo, de regresar

al verbo, aquel que entona el pulso

con la razón, y la mente con el espíritu.

Compartiendo diálogos conmigo mismo

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Glenn_Cunningham

el vlog del
Padre Pollo

Pbro. José Luis González Santoscoy

En un pequeño poblado de la ciudad de Kansas, Estados Unidos, había una escuela rural muy pobre. Algunos alumnos se turnaban cada mañana para llegar temprano al salón a encender una vieja estufa de carbón que calentaba el aula, antes de que sus compañeros llegaran.

Una mañana le tocó el turno a Glenn de tan solo siete años junto con dos de sus hermanos, pero las cosas se salieron de control. El día anterior hubo una reunión en el colegio y alguien dejó una lata de gasolina que utilizaban para llenar sus lámparas por la noche. Su hermano Floid, tomó esa lata creyendo que era el queroseno que utilizaban diariamente para la estufa y al verterla provocó una gran explosión y un fuerte incendio.

El accidente provocó que la escuela fuera arrasada por las llamas. Al llegar el resto del grupo, lograron sacar al pequeño en estado inconsciente. Según los médicos, el fuego voraz había provocado graves quemaduras en ambas piernas. El médico que lo atendió dijo que su vida corría peligro y, debido a la infección en sus piernas, era muy probable que tuvieran que amputárselas.

Ya, en el hospital, Glenn escuchó que alguien le dijo a su madre que se hiciera la idea de que su hijo quedaría inválido por el resto de su vida. Glenn había perdido el músculo de sus rodillas y espinillas e incluso todos los dedos del pie izquierdo, debido a que el fuego destrozó sus extremidades inferiores, no podría volver a caminar por sí mismo. El pequeño, además de esforzarse por sobrevivir, se prometió a sí mismo que volvería a caminar, según las palabras del mismo Glenn:

“Creo que fue en ese momento que tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Cuando mi madre regresó, le dije: “yo no voy a ser ningún inválido, esa señora está mal”. Afortunadamente mi madre hizo algo que siempre estaré agradecido. Ella me dio un beso y me dijo: “Lo sé, Glenn. Ella se equivoca”. Recuerdo haberme dicho una y otra vez: “¡Voy a caminar! ¡Andaré!””.

Cuando fue dado de alta, descubrió que sus piernas no respondían a sus esfuerzos por mantenerse de pie. Su madre que conservaba la esperanza de verlo andar por sí solo, todas las noches le masajeaba ambos muslos por largos ratos, pero parecía inútil pues no había sensación alguna. A pesar de eso, Glenn no perdía la esperanza de ponerse de pie otra vez.

El pequeño pasaba los días en una silla de ruedas en el patio de su casa, hasta que una tarde, ahogado en desesperación, se dejó caer en el pasto y comenzó a arrastrarse por el césped hasta llegar a los postes que cercaban el jardín. Una vez que pudo ponerse de pie, se sujetaba en cada poste y con mucho esfuerzo intentaba mover sus piernas.

Todos los días repetía este ejercicio hasta que poco a poco sus pies comenzaban a responder. Pasó el tiempo y gracias a su perseverancia, con los masajes y las oraciones de su madre, logró primero ponerse de pie, luego caminar y finalmente pudo correr.

Una vez que recuperó sus actividades disfrutaba correr de camino a la escuela. Hasta se animó a inscribirse en el equipo de carrera sobre pista de su universidad. Este joven que ante los diagnósticos médicos no podría volver a caminar se convirtió en el mejor atleta americano. En 1933 recibió el premio James E. Sullivan como el mejor deportista amateur en los Estados Unidos. Y después, en el Madison Square Garden en 1934 batió el record del mundo corriendo la milla en el menor tiempo posible. Fue mejor conocido como Glenn Cunningham, el caballo de hierro de Kansas.

Amigos, los límites son humanos, pero para quien tiene confianza en sí mismo y en Dios, podrá alcanzar todo lo que se proponga. Habrá que poner esfuerzo y dedicación. No te desesperes, mejor confía. No olvides lo que dice la Palabra de Dios: “Los que en Él confían recuperan fuerzas, y les crecen alas como de águilas. Correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse” (Is 40, 31).

Facebook: Padre José Luis González Santoscoy

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“Yo no voy a ser ningún inválido”

   

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