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	<title>Semanario - Órgano de formación e información Católica - &#187; Bicentenario de la Independencia</title>
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		<title>Cien Años de RevoluciónComisión</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Nov 2010 19:10:54 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Bicentenario de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[720]]></category>

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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
Aunque el 20 de noviembre de 1910 realmente no ocurrió nada, se mantiene como fecha emblemática de la Revolución Maderista, por haber sido el día elegido por Francisco I. Madero González para un levantamiento armado, que tardó en consolidarse.
Estamos ahora justamente celebrando el inicio de aquel Movimiento, que luego de innumerables [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img alt="29" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/11/29-2.jpg" width="300" height="200" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>Aunque el 20 de noviembre de 1910 realmente no ocurrió nada, se mantiene como fecha emblemática de la Revolución Maderista, por haber sido el día elegido por Francisco I. Madero González para un levantamiento armado, que tardó en consolidarse.<br />
Estamos ahora justamente celebrando el inicio de aquel Movimiento, que luego de innumerables tragedias, fue superado con dificultad, y sus aspectos positivos, paulatinamente integrados a la vida nacional.<br />
En cien años, la Sociedad Mexicana ha logrado notables avances prácticamente en todos los aspectos que involucran a la iniciativa privada, a la empresa privada, a la educación privada, a la acción familiar e individual de los ciudadanos, al trabajo de la gente, aun si este trabajo, para ser realmente remunerado, deba realizarse en el extranjero.<br />
También ha habido logros, por lo menos formales, en las acciones del Gobierno. Así, la estabilidad social y la paz que se mantuvo por muchos años; el crecimiento económico en permanente ascenso hasta la debacle de los Gobiernos de Luis Echeverría Álvarez y de José López Portillo Pacheco; las prestaciones sociales para los trabajadores, independientemente de su calidad; los apoyos al campo hasta antes de la firma del Tratado de Libre Comercio; las instancias oficiales para la superación de la pobreza; la socialización de la educación y la elevación de los grados de escolaridad; la red de comunicaciones, aunque haya qué lamentar el fracaso de la transportación ferroviaria; la evolución de las estructuras que avalan el respeto al voto, aunque no a los votantes; los éxitos en la promoción del deporte y del turismo; la creación visionaria de balnearios internacionales; el gran apoyo que ha significado la exportación del petróleo, y un sinnúmero más de notables logros que la Nación ha obtenido y que le hacen muy superior, comparativamente con el México de hace cien años.<br />
Pero nuestras mayores lacras siguen siendo la ausencia de conciencia democrática participativa en la ciudadanía; la baja productividad del país y la corrupción endémica del ejercicio de la política en sus tres niveles, fuente principal de la corrupción general de la Sociedad y de nuestros permanentes empantanamientos.</p>
<p><strong>Manuel Alvarado, Gobernador de la Mitra</strong></p>
<p>Si alguien vivió de cerca los sucesos que conmocionaron a la Capital de Jalisco cuando ésta fue tomada el 8 de julio de 1914 por los seguidores de Venustiano Carranza Garza, fue el Gobernador de la Mitra y Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara, Canónigo Doctor don Manuel Alvarado y Aldana.<br />
De cuna humilde, vio la luz primera en una ranchería del Cantón de Lagos, en 1853. Antes de ingresar al Seminario de Guadalajara, en 1870, había sido discípulo del erudito sacerdote Agustín Rivera Sanromán. Presbítero en 1881 y cuatro años después Doctor en Cánones, fue Vicerrector del Seminario entre 1885 y 1889, año después del cual se ocupó como Colector de Vacantes, Catedrático de Derecho Canónico, Diputado Conciliar y Secretario del Cabildo.<br />
Fue Prebendado de la Catedral desde 1904, y Canónigo en 1910; en mayo de 1914 fue electo Gobernador de la Mitra y Vicario General, en ausencia del Arzobispo Orozco y Jiménez, cinco veces desterrado.<br />
A partir de entonces, frisando la edad sexagenaria, y en mancuerna inseparable con el Canónigo Miguel Cano, se reveló como estadista brillante, maniobrando por espacio de 18 años el timón de la nave de la Iglesia de Guadalajara durante los exilios de su Prelado titular. Sorteó con donaire las más procelosas aguas “en aquellos tiempos en que no privaba otra ley que el desenfreno que a su antojo imponía préstamos y violaba templos”.<br />
Ni un instante se separó de su oficio, y aun bajo arresto, sufrido en 1914 junto con todos los clérigos residentes en la Capital, desde su celda dictó “órdenes sapientísimas”. Obtenida la libertad, desde un refugio que denominó ‘Santa Fe’, promulgó Cartas Circulares y Leyes, así como medidas urgentes para rescatar al Clero y a los seminaristas ya ordenados, de la vorágine de los tiempos. En una de ellas, de diciembre de 1914, prohíbe al Clero: “…cualesquiera alusiones a personas en cuestiones de momento ajenas a la fe y a las buenas costumbres… ingerirse de alguna manera en asuntos de política, en Elecciones para funcionarios públicos de cualquier categoría que fueran, y fomentar o desprestigiar algún partido&#8230; dejarse ilusionar o atraer por ninguna bandera&#8230; criticar pública ni privadamente los actos de ningún gobernante…”. Pese a lo anterior, se mostró intransigente en aquello en lo que no podía ceder. Cuando la Cámara de Diputados de Jalisco intentó reducir, en 1918, el número de sacerdotes a uno por cada cinco mil habitantes, apeló a una frase lapidaria que revela su energía: “O todos o nin­guno”.<br />
Si su prudencia y ecuanimidad, admiradas aun por sus enemigos, le valieron que el Papa Benedicto XV lo hiciera, en 1919, Protonotario Apostólico, su largueza para con los menesterosos fue proverbial, socorriendo con discreción y eficacia a centenares de familias arruinadas por los desórdenes sociales, incluyendo entre sus protegidos a los sacerdotes indigentes.<br />
Gozando de grande energía, facultades y vitalidad, falleció inesperadamente en su casa de San Pedro Tlaquepaque, el último día de 1932.</p>
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		<title>Cien años después, la situación religiosa</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Nov 2010 18:16:48 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Bicentenario de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[719]]></category>

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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
Hace cien años, la situación religiosa de México era bastante positiva. El 99% de la población se profesaba como miembro de la Iglesia, y la misma estructura eclesiástica había experimentado no solamente una recuperación admirable en el aspecto material y organizativo, sino una profunda renovación que había hecho de la Iglesia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong><u>Comisión Editorial para el Bicentenario</u></strong></p>
<p><img alt="29" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/11/29-1.jpg" width="300" height="442" />Hace cien años, la situación religiosa de México era bastante positiva. El 99% de la población se profesaba como miembro de la Iglesia, y la misma estructura eclesiástica había experimentado no solamente una recuperación admirable en el aspecto material y organizativo, sino una profunda renovación que había hecho de la Iglesia un adalid en el campo de las grandes luchas sociales, bajo el impulso de la Encíclica Rerum Novarum, del Papa León XIII.<br />
El fortalecimiento de la Iglesia suponía, de muchas formas, el fortalecimiento de la unidad nacional, pero también la confirmación de los derechos de la misma comunidad católica frente a una legislación que, aunque inoperante, sostenía una postura persecutoria legal. La breve duración del mandato del Presidente Francisco I. Madero González no solamente impidió la reforma constitucional en materia religiosa, ofrecida por él, sino que dejó la elaboración de una nueva Constitución en manos de facciones políticas e ideológicas que no representaban la voluntad popular; situación que llevó a instituir un aparato legal seriamente persecutorio en lo que mira a la Iglesia. El resultado fue una nueva persecución religiosa y un levantamiento armado popular en defensa de la libertad de conciencia y de los derechos de la comunidad católica.<br />
Cien años después, la Constitución ha sido reformada en materia religiosa, suprimiendo la mayor parte de los Artículos arbitrarios que se habían impuesto en 1917, pero en el clima social del presente se advierten múltiples signos de retroceso, nuevas voces gritando consignas viejas que se creían superadas, y que se afanan en resucitar divisiones, antagonismos y empeños dictatoriales.<br />
En la palabra y en la iniciativa de no pocos actores públicos del momento presente, la valiosa figura del Estado laico está volviéndose un pretexto para intentar reimplantar el estado persecutorio, porque la verdadera democracia que da voz y voto a todo ciudadano es siempre temible por aquéllos que aman la dictadura y temen toda crítica a sus imposiciones, en especial cuando éstas se encaminan a destruir la moral de un pueblo, reduciéndolo a un conglomerado de gente carente de principios, a una Sociedad de tal forma decadente, que ni sabe responder de sus actos ni respeta la vida en ninguna de sus etapas; un pueblo para el cual el futuro se ofrece inseguro en todos los aspectos, sin otra salida que darse a los espectáculos más deprimentes y a la búsqueda de recursos, sea para sobrevivir, sea para divertirse.<br />
Cien años después de una época de grandes ideales, de acciones generosas y aun heroicas, advertimos un país indiferente, insensible, que ha sustituido los ideales por los intereses pragmáticos, y que se ve cada vez más manipulado.</p>
<p><strong>Rafael de la Mora</strong></p>
<p>Entre los católicos militantes en la acción social en Guadalajara que tomaron parte activa en el proceso revolucionario potenciado por Francisco I. Madero González, no debe quedar en el olvido el ingeniero Rafael de la Mora, quien vino al mundo en la Capital de Jalisco en 1871, y cursó sus estudios profesionales en la Escuela de Ingenieros, de esta ciudad, especializándose como ingeniero mecánico e hidráulico.<br />
Formó parte de una familia que aglutinó la empresa ‘Grandes Almacenes de Materiales de Construcción, Maquinarias y Accesorios”, con sede en la Calle de San Francisco (hoy, 16 de Septiembre) y, bajo la firma Mora y López de Lara, agentes importadores e instaladores de maquinaria, especialistas en instalaciones de maquinaria para la fabricación de azúcar, aguardiente, alcohol y vino mezcal.<br />
Brillante en el campo profesional, de su ‘Oficina Consultora de Ingeniería’, de grande prestigio, al lado de J. Guadalupe López de Lara y Manuel de la Mora, publicó, en 1903, el Ensayo ‘La coyuntura mecánica y fundiciones’, que presenta la experiencia acumulada en esta capital en los talleres de fabricación de válvulas de bronce para agua y vapor; en 1905 se involucró en el primer proyecto de pavimentación en Guadalajara, y en 1910 formó parte del jurado dictaminador del monumento erigido en dicha urbe para conmemorar el Primer Centenario del Inicio de la Lucha por la Independencia de México.<br />
Congregante mariano, miembro de una Conferencia de San Vicente de Paúl, Secretario del Apostolado de la Cruz, militó en el catolicismo social mexicano desde los orígenes del mismo, habiendo participado en el Congreso Católico de Puebla de 1903; en el de Morelia de 1904, y en el de Guadalajara, de 1906. Incursionó también en el Periodismo. En el quehacer político, resultó electo por el Partido Católico Nacional (PCN), Diputado Federal Propietario del 4° Distrito Electoral del Estado de Jalisco, para la XXVI Legislatura, no sin antes vencer un contratiempo que exhibe la indisposición de los simpatizantes y miembros del Partido Liberal a la presencia de los católicos militantes: “Mi camino, desde la juventud, desde mi niñez, ha sido el camino de la línea recta, y mis profesores me enseñaron que siempre, en la vida, el individuo debe buscar el camino más corto; y, en matemáticas, el camino más corto es la línea recta”, dijo en su defensa el que habría de formar parte de esa bancada que presentó no pocas iniciativas, por desgracia estancadas a raíz del Golpe de Estado del 10 de octubre de 1913, que produjo la irrupción, en la Primera Magistratura, del General Victoriano Huerta.<br />
Desilusionado de la cosa pública, el ingeniero De la Mora se desligó de la militancia política a raíz de la disolución del PCN.</p>
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		<title>Cien años después. La situación educativa</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Nov 2010 18:30:58 +0000</pubDate>
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Hace cien años, poca gente tenía estudios, pero prácticamente toda tenía educación. A cien años de distancia, el número de bachilleres, licenciados, maestros y doctorados se ha incrementado de manera extraordinaria; sin embargo, es mucho mayor el número de personas que carecen hoy en día de educación, incluyendo con frecuencia a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img alt="29" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/11/29.jpg" width="300" height="224" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>Hace cien años, poca gente tenía estudios, pero prácticamente toda tenía educación. A cien años de distancia, el número de bachilleres, licenciados, maestros y doctorados se ha incrementado de manera extraordinaria; sin embargo, es mucho mayor el número de personas que carecen hoy en día de educación, incluyendo con frecuencia a los bachilleres, licenciados, maestros y doctores.<br />
El México post-revolucionario le apostó con sobrada inteligencia a la educación social; pero, al no modificarse la idiosincrasia nacional, se produjo el extraño fenómeno de confundir educación con instrucción, e instrucción con título; y éste, con un seguro garantizado de progreso económico. En consecuencia, todo mundo se afana por obtener un título, pero a poca gente le importa el educarse. La demanda genera la oferta, y por lo mismo, los títulos se consiguen lo mismo estudiando en serio, que pasando con sobornos, cursando Secundaria, Preparatoria o Profesional en instituciones que otorgan los certificados hasta en seis cómodas mensualidades, que al fin y al cabo lo que importa es el papel; o, francamente, se adquiere de contado y en una sola exhibición. Y esto, que vale para los alumnos, vale también para los maestros, pues pueden certificarse lo mismo por medio de un examen que por el pago de una crecida cuota, a fin de asegurarse un retiro con la mejor letra.<br />
La consecuencia es un país de titulados incapaces de convertir el título en resultados positivos; pero todos, eso sí, muy hábiles para seguir defraudando.<br />
En contraparte, hay que advertir un creciente número de profesionistas y técnicos honestos, de gran capacidad, que han aportado bastante, pero que suelen ubicarse ya en edades superiores a los cincuenta años, y no han encontrado en todos sus relevos las mismas cualidades.<br />
La supresión de la educación cívica, ética, filosófica, lógica e histórica, ha dado ya varias generaciones de mexicanos pragmáticos, exclusivamente interesados en obtener dinero, lejanos por completo de cualquier consideración cívica o ética, carentes de respeto a toda ley, igual si se expresa ésta por un semáforo en rojo o por toda la Constitución.<br />
A cien años de la Revolución, México tiene un serio problema educativo, tanto en la calidad como en el alcance de su oferta; en la integralidad de la formación escolar, que en su orientación; en el compromiso cívico de los egresados, que en la solidaridad social que cabría esperar de ellos.</p>
<p>José Toral Moreno, ‘infatigable apóstol social’</p>
<p>En las huestes del catolicismo social que se desarrolló antes, a la par y formando parte del proceso de la Revolución Mexicana -aunque sus detractores sigan etiquetándolo como ‘contrarrevolucionario’-, es posible distinguir dos generaciones: la de aquéllos que se forjaron al calor de la Carta Encíclica Rerum Novarum (1891), y la de los que aprendieron de éstos la importancia de la Doctrina Social de la Iglesia en la generación siguiente. Ambos tomaron parte en este proceso, y uno de los casos paradigmáticos lo representa José Toral Moreno, hijo del médico Pascual M. Toral, del que ya se ha hablado en esta sección.<br />
José nació en Lagos de Moreno, Jalisco, el 1º de febrero del mismo año de la Encíclica de referencia. Entre 1903 y 1910 se formó en el Seminario de Guadalajara, bajo la batuta de otro promotor del catolicismo social, el doctor Miguel M. de la Mora. Residió en Roma a partir de 1913, donde obtuvo el Doctorado en Teología y en Sagradas Escrituras, antes de regresar a Guadalajara e involucrarse como el que más en las organizaciones de obreros católicos.<br />
En 1919, ya apodado ‘infatigable apóstol social’, en mancuerna con don José Garibi Rivera, es vocal de la Junta Diocesana de Acción Católica Social, y despliegan, a la par, una acción proselitista intensa en diversos lugares del Estado de Jalisco y fuera de él, visitando las Ciudades de Colima, Zacatecas, Saltillo, Puebla, León, Querétaro y Morelia, donde crean Sindicatos de Obreros, asisten a Jornadas Sociales, como la de Lagos del 21 al 25 de diciembre de ese año, e imparten conferencias; también atienden los Círculos de Estudio creados en la Capital, al lado de figuras como el Padre Jesuita Alfredo Méndez Medina y Anacleto González Flores.<br />
En 1923 publica la obra El sindicato obrero y sus instituciones filiales, complementado por el estudio Las instituciones filiales y anexas del sindicato, dedicadas ambas a los divulgadores del catolicismo social, y modelo en su género, donde responde al corporativismo clientelar de las organizaciones obreras controladas por el Estado, demostrando que sí era posible la existencia de un Sindicato Católico mediante la homogeneidad en su composición y la amplitud de sus fines, tal como lo propuso en 1920: “Todo sindicato debe componerse con miembros que tengan ocupaciones e intereses semejantes, y por fines: estudio, defensa y fomento de todos los intereses, económicos, profesionales y morales”, y en su definición de “trabajador” incluye a “los hombres de trabajo de la clase media (comerciantes en pequeño, empleados, etc.)”, que podían formar sindicatos.<br />
Su rechazo al sindicato único fue tajante: “El sindicato único obligatorio se vuelve un instrumento de tiranía”, llegó a decir. Durante el Curso Social Agrícola Zapopano, de enero de 1921, expuso las características y las normas del Sindicato Obrero y del Agrícola.<br />
Un incidente del todo fortuito y desgraciado, desligó al Padre Toral de las cosas sociales: el magnicidio de Álvaro Obregón Salido, que consumara, en 1928, José de León Toral, su primo hermano, y que le valdría represalias y calumnias que aún algunos repiten.<br />
Aunque todavía en 1938 publica el estudio “El agrarismo”, y justifica la decisión estatal de desmantelar el latifundismo, dando pie a un debate que en los años venideros considerará la licitud moral de recibir las tierras de reparto, el resto de su longeva existencia (muere en 1984), lo dedicará a extensos y eruditos estudios sobre la Biblia y su ministerio.</p>
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		<title>Cien años después, la situación política</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Oct 2010 17:23:10 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
La política es un arte bastante difícil y rara vez bien logrado. Sin excluir los beneficios personales de quien la ejerce, busca contemporáneamente el mayor beneficio para la comunidad, no solamente a corto y electorero alcance, sino a mediano y largo plazos. El ejercicio político no sólo trasciende el momento sino [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img alt="29" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/10/29.jpg-1.jpg" width="300" height="199" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>La política es un arte bastante difícil y rara vez bien logrado. Sin excluir los beneficios personales de quien la ejerce, busca contemporáneamente el mayor beneficio para la comunidad, no solamente a corto y electorero alcance, sino a mediano y largo plazos. El ejercicio político no sólo trasciende el momento sino también las fronteras, no se identifica con la burocracia administrativa, sino que exige la presencia del estadista.<br />
Hace cien años, todavía el prestigio político de México en el extranjero era casi impecable; nuestro país gozaba de respeto, de reconocimiento, y, en América Latina, de liderazgo. El Presidente, General Porfirio Díaz Mori, en efecto se había desenvuelto como un gran estadista, y de alguna manera sus dotes para la estrategia militar había sabido aplicarlas al ejercicio del Gobierno. En vísperas de la Revolución, nadie jamás hubiera hablado de vacío de poder, carencia de autoridad, Estado fallido, clima de inseguridad, avasallamiento de la delincuencia o indisciplina social. También es cierto que muchas libertades de hoy no se daban entonces, y que la mano de hierro del Estado poco se cuidaba de formas y comedimientos; el “orden para el progreso” había sido un verdadero lema de trabajo propuesto e impuesto con todos los recursos del Estado, cuyo éxito temporal confirmó las estrategias e incluso las prolongó más allá de lo debido.<br />
Exactamente un siglo después, la condición de la política en México manifiesta un enorme deterioro. Los Diputados y los Senadores están muy lejos de ser verdaderos “Congresistas”; los gobernantes no tienen idea de lo que significa ser un “estadista”, ni los Jueces de la Nación han logrado conservar limpio su expediente. En el equilibrio de los beneficios personales y los sociales, han decidido inclinar la balanza a favor de las prebendas particulares, ya sea en el rubro económico, ya sea en el del “chambismo”, pues se empeñan, a como dé lugar, en quedar dentro de la nómina del período siguiente, sean y, sobre todo, si no son aptos para el cargo.<br />
A cambio de eso, han claudicado en el ejercicio de la autoridad, no ciertamente a nivel federal, donde, al menos en un aspecto, la Presidencia de la República mantiene, hasta donde parece, una notable firmeza, sino sobre todo en el ámbito de los gobiernos municipales y estatales, donde por no perder votos en la siguiente Elección, los políticos y funcionarios son capaces de simplemente no hacer nada de nada.<br />
Así pues, en el plano exterior, México dejó de ser el líder latinoamericano que había logrado volver a ser luego de la desastrosa guerra caudillista (1913-1935); hoy en día, el liderazgo se lo discuten países como Brasil y Chile, no en base a demagogias y políticas turbias, sino a resultados muy concretos, fruto de políticos con talla de estadistas.<br />
De nuestra política interior y exterior, son responsables las instituciones que forman a nuestros funcionarios, y particularmente los Partidos, que dejaron de ser escuelas de líderes con ideales, principios y doctrinas definidas, para convertirse en centros de negocios donde todo se puede comprar, cambiar o vender en beneficio de la firma partidista; para nada en beneficio de la Nación.</p>
<p>Luis Navarro y Sedano, Apóstol social</p>
<p>Un colegio en la cabecera municipal de Tequila y las recientes investigaciones en torno al poeta Alfredo R. Placencia Jáuregui, mantienen viva la memoria de don Luis Navarro en nuestros días. Sin embargo, este sacerdote, que murió con fama de santo, además de filántropo y pastor ejemplar, fue un precursor del Catolicismo Social que prendió a la par del Movimiento revolucionario.<br />
Antes de hablar de él, reiteremos algo ya expuesto en estas páginas: Que la paz y el desarrollo industrial y agrario que caracterizaron a México durante las dos últimas décadas del Siglo XIX y la primera del XX, alcanzadas a sangre y fuego por el dictador Porfirio Díaz, no resolvieron los conflictos pendientes en materia de justicia social; antes bien, los agudizaron.<br />
Pues bien, don Luis Navarro fue uno de esos espíritus sensibles que, a la vista de tantas contradicciones, ejerció su ministerio con una proyección a futuro: echar las bases del Catolicismo Social Mexicano.<br />
Su nacimiento ocurrió el 24 de agosto de 1869 en Atotonilco el Alto, Jalisco, en el seno de una familia numerosa y levítica, que dio a la Iglesia tres de sus hijos. Desde joven se le tuvo como de conducta irreprochable, y su estancia en el Seminario de Guadalajara fue del todo aprovechada. Se ordenó presbítero en 1893, dos años después de la Promulgación de la Carta magna del Catolicismo Social, la Rerum Novarum, de modo que abrevó en esta fuente la convicción que habría de ejercer los restantes 25 años de su vida: la promoción integral de la persona humana, para lo cual aprovecharía la paz del régimen porfirista, tratando de paliar, como quedó dicho, los efectos perniciosos del capitalismo sin bozal. Al efecto, creó en sus distintos destinos, Escuelas y Círculos de Estudios Sociales.<br />
Amante de la justicia, siendo Párroco de Tequila, atendió las necesidades de los obreros de las fábricas de vino mezcal, proporcionándoles asistencia espiritual y humana. Su porte grave no le impedía ser al mismo tiempo edificante y atractivo para sus feligreses. Humildísimo, cuando recibió el título de Canónigo Honorario de la Iglesia de Guadalajara no cambió en nada sus hábitos y costumbres, honrándose con tratar con especiales muestras de delicadeza y cariño a los arrapiezos. Se ha dicho de él que vivió lleno de buenas obras. Conquistó para Cristo a ricos y pobres, a pequeños y grandes. Sus trabajos apostólicos no conocieron reposo; los frutos de su labor misionera aún perviven en las comunidades que él atendiera hace más de ochenta años.<br />
“Hombre de enorme sentido social”, dijo de él Carlos Blanco. Fue Operario Guadalupano, Subdirector y alma de la Asociación de Damas Católicas, de tantos frutos en el campo asistencial. Creó la “Sociedad Mutualista y de Temperancia de Nuestra Señora de Guadalupe”, de Tequila (1904) -que al cumplirse un año de la muerte de su Fundador se llamaría Sociedad Obrera Guadalupana ‘Canónigo Luis Navarro’-; otra, con los mismos fines, en La Barca (1912) y los Círculos de Estudios Femeninos, de los que surgiría, en 1918, el Círculo Central Femenino.<br />
En ese mismo año fue nombrado Subdirector y Presidente de la Junta Directiva de la Acción Social, y al año siguiente, meses antes de su deceso, figura protagónica del Primer Congreso Católico Regional Obrero, en abril de 1919, del que nació la Confederación Obrera Católica, base de la Confederación Nacional Católica del Trabajo. Murió en Guadalajara el 7 de noviembre de 1919.</p>
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		<title>Cien años después, la situación de la democracia</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Oct 2010 17:54:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
Más que un movimiento de redención social, la revolución maderista fue un movimiento en defensa de la democracia, como claramente lo decía su lema: Sufragio efectivo. No reelección; es decir: que se respete el voto de los ciudadanos y no se admita la reelección de los gobernantes, a comenzar por el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img alt="29" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/10/29.jpg.jpg" width="300" height="199" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>Más que un movimiento de redención social, la revolución maderista fue un movimiento en defensa de la democracia, como claramente lo decía su lema: Sufragio efectivo. No reelección; es decir: que se respete el voto de los ciudadanos y no se admita la reelección de los gobernantes, a comenzar por el Presidente de la República.<br />
Dese luego que estos grandes ideales de la Revolución iniciada por Francisco I. Madero González fueron inmediatamente traicionados por quienes se levantaron en armas para vengar su muerte, acudiendo, como era costumbre, a la modificación de la Constitución, en este caso la de 1917, lo cual ya le permitió al General Álvaro Obregón Salido reelegirse para un segundo mandato no consecutivo. En cuanto al respeto al voto, ni qué hablar: las Elecciones seguirían siendo, por muchos años más, una simple farsa.<br />
Cien años después, el fondo de la cuestión no se ha modificado sustancialmente. Se respeta el voto, pero no a los votantes; esto es, una vez electos, los funcionarios suelen gobernar no según la voluntad de la Sociedad que los elige, sino de acuerdo a intereses y consignas, tanto personales como de Partido. Tampoco se respeta la voluntad de la Nación cuando los gobernantes se otorgan a sí mismos, y como siempre, modificando las Leyes, salarios que exceden todo límite, a despecho de los cincuenta millones de pobres que habitan en este país. Los Congresos, Federal y Estatales, como en el período más decadente del porfiriato, se convierten en clubs de amigos, cuyas agendas siguen caminos distintos a la realidad social, al punto de que podríamos hoy día vivir sin Congresos y no pasaría nada, excepto que el país se ahorraría una cantidad extraordinaria de recursos, que al presente sigue tirando a la calle sosteniendo esta institución que, como está, resulta inútil y costosa.<br />
Ya no hay reelección, pero eso no significa que la Sociedad pueda relevar de sus cargos a los funcionarios que no solamente cometen delitos, sino también a los que resultan ineptos para el desempeño de sus funciones. En términos prácticos, México vive bajo una nueva dictadura: la de los Partidos, que se reparten el poder y el dinero de la ciudadanía sin que existan medios legales qué oponer a esta cadena de abusos. En lo que mira entonces a la evolución democrática de la Sociedad, se advierten avances notables en la conciencia de la gente, por más que haya siempre un enorme contingente de personas alienadas de sus obligaciones políticas; pero no se ve un avance real en la evolución democrática de las instituciones, máxime que algunas de éstas cayeron en manos de los Partidos y, por lo mismo, se adjudican “legalmente” salarios ofensivos a cambio de servicios discutibles.</p>
<p><strong>Maximiano ‘Max’ Reyes</strong></p>
<p>Revolucionario católico sin paralelo, este tapatío, uno de los cuatro condecorados por el Papa Pío XI con la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice, fue, en palabras de uno de sus biógrafos, Obrero egregio, hombre de carácter, jefe, cristiano de firmes creencias y vigorosa actividad, íntegro y resuelto; se distinguió siempre por la lucha en la causa de los obreros y fue un ardiente propagador de la idea sindical cristiana. Su labor, en el campo de la organización obrera, fue amplia y completa. De corazón limpio y magnánimo. Obrerista de verdad por íntimo convencimiento. Todos le querían”.<br />
Nativo y vecino del Barrio de Mezquitán, nació el 29 de mayo de 1883 y fue bautizado en la Parroquia de Jesús, donde después contrajo matrimonio con Benigna Gutiérrez en 1904. Empleado de la Casa Comercial La Palma, en 1907 sufrió lesiones que casi le costaron la vida. Al año siguiente, y hasta 1914, fue Jefe de Sección de la Sociedad de Obreros Católicos del Santuario de Guadalupe. En 1911 fundó, al lado de don Elpidio Yáñez, padre de Agustín Yáñez Delgadillo, el Comité del Cuartel Cuarto del Partido Católico Nacional.<br />
Presidió, en la Unión Latino Americana, el Centro ‘Zorrilla de San Martín’; organizó el Centro Femenino ‘Juana de Arco’ y el Centro de Obreros ‘León XIII’. Fue uno de los Fundadores de la ‘Unión Católica de Empleados de Comercio’, que tan buenos frutos dio. Candidato a Diputado Local, a quien, no obstante su evidente triunfo en las urnas, el Partido oficial nulificó su triunfo.<br />
En 1921 fue nombrado, junto con Miguel Gómez Loza, miembro del Comité de Organización del Congreso Nacional Obrero, presidiendo la Comisión de Propaganda, lo cual le llevó a visitar diez Estados de la República como preparación al Congreso, celebrado en 1922, en el cual encabezó la directiva preparatoria de la Asamblea.<br />
Electo Presidente del Comité de la Confederación Nacional Católica del Trabajo (CNCT) de 1922 a 1925, durante este período visitó las filiales de la agrupación en toda la República.<br />
Al frente de dos mil trescientos obreros, encabezó, el 11 de enero de 1923, la Peregrinación Obrera a la Montaña de Cristo Rey, en Silao, Guanajuato, donde fue testigo de la ceremonia encabezada por el Delegado Apostólico, el Arzobispo italiano Ernesto Filippi; acto que le costó al Prelado ser arbitrariamente expulsado del país.<br />
En 1925 ocupó una de las Regidurías del Ayuntamiento de Guadalajara. En septiembre de ese año, encabezó la Segunda Asamblea Nacional de la CNCT.<br />
Durante la Guerra Cristera, fue desterrado a Estados Unidos, donde falleció junto con su esposa, a raíz de un misterioso accidente de tránsito, en Azusa, California, cuando iba acompañado de su cónyuge.</p>
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		<title>Cien años después. La condición económica</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Oct 2010 21:42:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[715]]></category>

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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
Justamente hace cien años hizo crisis la decisión que los asesores económicos del Presidente de la República, General Porfirio Díaz Mori, habían adoptado años atrás, cuando prefirieron abrirse plenamente a las propuestas del capitalismo liberal, un sistema que, desde luego, conocían a medias, como de por sí ocurría en buena parte [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="8" alt="29" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/10/29-57.jpg" width="300" height="194" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>Justamente hace cien años hizo crisis la decisión que los asesores económicos del Presidente de la República, General Porfirio Díaz Mori, habían adoptado años atrás, cuando prefirieron abrirse plenamente a las propuestas del capitalismo liberal, un sistema que, desde luego, conocían a medias, como de por sí ocurría en buena parte del mundo occidental. Por lo mismo, tampoco advertían las consecuencias que podría traer sobre los países y sus comunidades.</p>
<p>
En esencia, el capitalismo era liberal porque propugnaba la libertad absoluta que debía tener la empresa a la hora de lanzarse a producir riqueza, y esta libertad suponía un cierto automatismo según el cual el capitalismo, una vez echado a andar, se enfermaba y se curaba por sí mismo, en tanto seguía empujando el progreso de las naciones.</p>
<p>
Dicho sistema exigía la libertad de empresa, así como la libertad de la propia empresa para establecer las leyes del mercado, el precio de las materias primas, de los productos y, sobre todo, el precio otorgado al trabajo según la ley de la oferta y la demanda; es decir, abunda la mano de obra, baja el salario; escasea, sube. Al Gobierno solamente le correspondía mantener el orden para que la empresa pudiera seguir avanzando por las anchas avenidas del desarrollo industrial.</p>
<p>
La libertad del sistema exigía, adicionalmente, la independencia del patrón con respecto a la suerte de sus trabajadores: Si se enferma el trabajador, deja de ganar; si se alivia, se le puede regresar su empleo si hay vacantes. Esto es, la empresa no tenía ningún tipo de obligación para con sus operarios, fuera de pagarles el salario por el cual se habían arreglado.<br />
Tan injusto sistema ya había sido denunciado en Europa por diversos pensadores y economistas sociales desde mediados del Siglo XIX, produciéndose movimientos populares en contra de tales excesos, atribuidos a abusos patronales. En México, dado que el sistema había llegado tarde, sus consecuencias comenzaron a advertirse a fines del Siglo XIX y, más acentuadamene, en la primera década del Siglo XX. Cien años después, el mismo sistema capitalista, bajo el calificativo de neoliberalismo, ha vuelto a imponerse en el mundo occidental, produciendo nuevas reacciones, como la de los globalifóbicos y el fortalecimiento renovado de la izquierda, pues las mismas consecuencias que el capitalismo producía hace diez décadas, está de nuevo generándolas, desconociendo un siglo de conquistas sociales en favor de obreros y campesinos, reduciendo y limitando sus prestaciones, y ampliando el campo de la población empobrecida.</p>
<p>
En nuestro país se dice que existen cincuenta millones de pobres, de los cuales casi treinta viven en condiciones de miseria, generando un problema social de amplios alcances que pareciera nadie advierte, tal y como ocurría hace cien años.</p>
<p><strong>Ignacio Sánchez Orozco, apóstol seglar</strong></p>
<p>Nada o muy poco sabríamos de Ignacio S. Orozco o don Nacho, como indistintamente era conocido o firmaba, de no ser por la deuda de afecto que pagó con él su amigo y mancuerna en las lides del catolicismo social, Jesús Flores y López, quien escribió su biografía, no obstante que en su tiempo alcanzó, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, la cumbre en el campo del catolicismo social, siendo recipiendario, en 1925, de la máxima presea a la que podía aspirar un fiel laico de esos tiempos: la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice, que le concediera el Papa Pío XI, al lado, nada menos, que de los hoy Beatos Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza, así como de Maximiano Reyes.</p>
<p>
Este representante ejemplar del fiel laico que incursiona en la liza pública al calor del impulso democrático maderista, proviene de muy humilde cuna. De raíces alteñas -de Zapotlanejo-, don Nacho nació en Guadalajara en 1888. Durante la primera parte de su vida sorteó la miseria, apenas tuvo edad para ello, ocupándose de cuanto oficio humilde pudo, adoptando el de carrocero poco antes de que este oficio fuera desplazado por los automotores.</p>
<p>
Su vida dio un vuelco de 180 grados a partir de su ingreso a la Escuela Nocturna para Obreros, del Santuario de Guadalupe, a cuya Asociación Mutualista pertenecía. Se hizo, por decirlo así, adicto a las sesiones del Seguro de Enfermedad y de la Caja de Ahorros; de la Misa especial para obreros y hasta de la Unión Latinoamericana, asociación algo estrambótica. Con todo, distaba de ser un gazmoño, y en los años venideros a 1911, pudo acreditarse como un ciudadano coherente y comprometido con una causa, al margen del ascenso cobrado en los años que vinieren, por el militarismo ‘revolucionario’.</p>
<p>
Nutrido, hemos dicho, por una de las vertientes pacifistas suscitadas por el principio democrático que impulsara el maderismo, don Nacho se afilió al Partido Católico Nacional, donde no desdeñó hacerse cargo de quehaceres tan sencillos como recibir y distribuir el Periódico La Nación, órgano oficial de ese instituto político.</p>
<p>
Sin embargo, a la vuelta de pocos meses, sus empeños, compromiso y audacia, le convirtieron en un tribuno lúcido y competente, por lo que pudo, al lado de González Flores, participar en el Partido Demócrata (1918), adherido al Partido Nacional Republicano, como Candidato a Diputado Local.</p>
<p>
En 1919, siendo Secretario del Teatro Moral Obrero, del Centro de Obreros Católicos, participó, en el mes de abril, en la organización del Primer Congreso Regional Obrero-Católico, que le nombró Diputado del grupo que gobernaría esa asociación, lo cual le llevó a dedicarse de tiempo completo a formar filiales de acción social en las Parroquias foráneas y a fortalecerlas donde ya las había.</p>
<p>
Emigró a la Ciudad de México en 1925, como parte del equipo de la Confederación Nacional Católica del Trabajo (CNCT), que lo tuvo como alma, año en el que, dijimos, recibió la condecoración pontificia.<br />
Hasta el final de su vida hizo cuanto pudo por ejercer el apostolado social. La guerra cristera y la creación de la Acción Católica, en 1930, marcaron nuevas y en parte distintas directrices a este apostolado, al que don Nacho nunca renunció. Murió en la Ciudad de México el 11 de noviembre de 1955, y con él, podría decirse, la CNCT.</p>
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		<title>Guadalajara en la turbulencia caudillista</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Oct 2010 20:23:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
Dos Arzobispos debieron enfrentar la turbulencia caudillista en la Iglesia de Guadalajara, ambos oriundos de Michoacán: el Sr. José de Jesús Ortiz y Rodríguez, y el Sr. Francisco Orozco y Jiménez. Este desasosiego, como en pasadas épocas, derivó inesperadamente en un renacimiento de la lucha anticatólica, y buscó, además, relegitimarse por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="8" alt="29" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/10/29-56.jpg" width="300" height="213" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>Dos Arzobispos debieron enfrentar la turbulencia caudillista en la Iglesia de Guadalajara, ambos oriundos de Michoacán: el Sr. José de Jesús Ortiz y Rodríguez, y el Sr. Francisco Orozco y Jiménez. Este desasosiego, como en pasadas épocas, derivó inesperadamente en un renacimiento de la lucha anticatólica, y buscó, además, relegitimarse por medio de un marco legal: la legislación religiosa de la Constitución de 1917, que no será sino el prólogo de una nueva persecución, la más ilegítima, la menos justificada, si es que alguna persecución pueda serlo, y, desde luego, la acción más irracional de esa guerra caudillista que ensombreció los ideales de la revolución maderista y las justas expectativas de tantas gentes que se unieron en su momento a sus ideales. En delante, los programas de redención social, de promoción educativa, de lucha democrática, se volverían solamente pretextos y, a más no poder, concesiones, formas de convalidar al Gobierno en turno. No obstante, aun así, las aspiraciones originales serían paulatinamente satisfechas. En la medida que fuera superándose el caos, la Nación de nuevo podría progresar.<br />
En este tormentoso proceso, la Iglesia Diocesana tapatía se hallaba especialmente fortalecida por la integración de la mayoría de sus fieles en cuadros de organización, tanto devocionales como sociales. En este segundo aspecto, la actuación de la Iglesia había sido decisiva, lo mismo en la fundación de diversos centros asistenciales educativos, de salud y de asilo, que en la promoción de organismos obreros, mutuales y cooperativas, centros formativos para trabajadores y una amplia oferta periodística.<br />
En el campo devocional, el magisterio de nuestros Obispos orientaba su esfuerzo en orden a la profundización de la fe cristiana y eucarística, promoviendo con mayor intensidad tanto el culto al Sagrado Corazón como al Santísimo Sacramento. Igual empeño ponían en la consolidación de la identidad religiosa diocesana, particularmente expresada en la devoción y culto a Nuestra Señora de Zapopan. Es en su Santuario donde concluyó el Tercer Congreso Católico Nacional y Primero Eucarístico, reunido en Guadalajara en 1906, y también en este espacio sacro confluyó la multitudinaria gran Convención de la Unión Popular, convocada por el ahora Beato Anacleto González Flores en 1926. En el antiguo atrio zapopano se oyó entonces el clamor de los asistentes: “Reina de los Mártires, ruega por nosotros y por la Unión Popular”.<br />
Años antes, el Arzobispo Orozco y Jiménez había expresado la razón de este impulso mariano, cuando dirigiéndose a la Virgen, representada en esta centenaria imagen, le dijo: “Te recuerdo que Tú fuiste la Evangelizadora de estas privilegiadas regiones. ¡Ah!, y como en el orden de la Providencia Divina, por los mismos medios con que fue propagada la fe cristiana, por esos se conservará”.<br />
El hoy Santo Mártir Rodrigo Aguilar escribió por esos mismos años su “Canción guerrera”, poema en que presenta a Nuestra Señora de Zapopan “Como Reina de Jalisco, como invicta Generala”, recorriendo cuatro siglos de historia diocesana a la luz de esta devoción mariana, donde el poeta encuentra la fuente y la explicación de la constancia y del fervor religioso de esta región, pero también prevé, proféticamente, la persecución que se avecina, y acaso su propio martirio, cuando le dice a la Virgen Zapopana:</p>
<p>“Y si fuera mi fortuna derramar toda mi sangre,<br />
por la fe de tu pureza, por tu amor y por tu causa,<br />
al caer bajo los pliegues de la mística bandera,<br />
clamar quiero: “¡Viva, Viva mi valiente Generala!”</p>
<p>Otro tanto habría de escribir, en esos mismos años, el reconocido poeta y presbítero don Amando J. de Alba:</p>
<p>“Por eso desde entonces el pueblo la venera.<br />
Es Ella su cariño, es Ella su bandera,<br />
Su ilustre Generala, Apóstol de su fe.<br />
Vendrán las tempestades, pero su furia loca<br />
Se estrellará a sus plantas como en potente roca,<br />
Y servirán de espuma para adornar su pie.<br />
¡Hosannas sempiternas a la triunfal Señora!<br />
Para ella las olivas de Pacificadora; para mi Generala, la banda del honor;<br />
espléndida corona para mi Soberana; para mi dulce Madre, mi Madre Zapopana,<br />
olivas y coronas, la gloria y el amor!”</p>
<p>Ante la vista de esta permanente y multitudinaria devoción, el Obispo de Saltillo José de Jesús Echevarría y Aguirre, participante en la ceremonia de Coronación de Nuestra Señora de Zapopan, escribió en 1921: “Un pueblo que, como el de Jalisco, se acoge con tanto amor como entusiasmo bajo el manto de la Inmaculada Madre de Dios y la proclama su Reina en medio de sus mayores regocijos, estará siempre a cubierto contra los enemigos de su fe religiosa y bienestar social”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alfredo Méndez Medina, S.I.</p>
<p>Pocos intelectuales de la Acción Social Católica influyeron tanto y participaron de forma tan intensa como el Religioso Jesuita Alfredo Méndez Medina (1877-1968), ideólogo del Partido Católico Nacional.<br />
Oriundo de Villanueva, Zacatecas, ingresó a la Compañía de Jesús en 1899. Perfeccionó su formación en Inglaterra, Francia, Roma, y principalmente en Bélgica, donde cursó estudios de Sociología en la Universidad de Lovaina. Ahí fue discípulo del eminente sociólogo, moralista y canonista Arturo Vermeersch (1858-1953), de modo que cuando regresó a México, en 1910, ya ordenado presbítero, se entregó de lleno a la promoción social, aprovechando la breve ráfaga democrática que impulsó el maderismo.<br />
Tres fueron los empeños de este revolucionario: la conformación de Círculos de Obreros Católicos, la elaboración de un Programa Integral de Reforma Social, divulgado en una monografía intitulada ‘Orientaciones Sociales’, y la creación del Secretariado Social Mexicano.<br />
Fue en la Segunda Dieta del Círculo de Obreros Católicos, celebrada en la ciudad michoacana de Zamora a principios de 1912, cuando lanzó un plan que, a impulsos de la Encíclica Rerum novarum, proponía algunas iniciativas encaminadas a salvaguardar a las familias, pidiendo se elevara a rango legal un salario mínimo, se reglamentara el trabajo de los menores de edad y de las mujeres, y se promovieran iniciativas para facilitar a los jornaleros los recursos para habitar en viviendas dignas.<br />
Por lo que al Secretariado Social Mexicano respecta, fue él quien lo creó en el año de 1920, con el propósito de inducir la constitución de sindicatos de obreros, tendientes a fomentar el mutualismo y las acciones reivindicativas de la clase social laborante. Del Secretariado surgió la Conferencia Nacional Católica del Trabajo, que organizó Semanas y Congresos Sociales en diversas ciudades del territorio nacional. Infatigable como era, y no satisfecho con esto, el Padre Méndez se dio a la tarea de publicar una bien dotada biblioteca con artículos y libros acerca de este tema.<br />
Con intelectuales de su talla, se explica por qué los católicos estuvieron a la vanguardia de la acción social durante el breve régimen maderista, y que no pocas de sus Iniciativas de Ley fueran aprobadas para inspirar algunos de los más relevantes Artículos de la Constitución de 1917, a saber: la reglamentación, por Ley, de la Jornada de Ocho Horas como máximo; la Ley sobre Indemnizaciones por pago en accidentes del trabajo, y el reconocimiento obligatorio, para los patrones, de la personalidad de los directivos de uniones y sindicatos.<br />
Durante su longeva existencia, casi toda empleada en el Secretariado Social Mexicano, este eclesiástico fue testigo de cómo el país se hundía en la guerra civil y el corporativismo.</p>
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		<title>De la revolución social al caos general</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Sep 2010 18:32:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[713]]></category>

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La diferencia entre revolución social y caos, es que la primera persigue objetivos orientados a mejorar la situación general de la Sociedad, mientras que el caos surge como un desorden general de la organización establecida, de las instituciones, de sus formas de contención. Al igual que la revolución, el caos también [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="8" alt="29" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/09/29-55.jpg" width="300" height="177" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>La diferencia entre revolución social y caos, es que la primera persigue objetivos orientados a mejorar la situación general de la Sociedad, mientras que el caos surge como un desorden general de la organización establecida, de las instituciones, de sus formas de contención. Al igual que la revolución, el caos también suele tener autores, sea que actúen por simple desahogo o con el fin de obtener provecho económico o político, o incluso con ánimo de producir el conflicto para luego aparecer como la solución esperada.</p>
<p>
La caída del Presidente Francisco I. Madero González en 1913 fue consecuencia, fundamentalmente, de la condición en que se hallaba la Sociedad, al margen incluso de las muchas limitaciones que Madero pudiera tener para conducir al país. Luego de treinta años de parálisis democrática, en que la responsabilidad social fue suplantada por la voluntad de un solo caudillo, la enorme mayoría de la población se hallaba indefensa e incapacitada para sostener con su opinión pública, con la fuerza de su voto o mediante presión legal, al Presidente legítimamente electo. Esta percepción debió influir en el estallido de las conjuras que fueron tejiéndose en torno a Madero, y vista su eficacia, siguió siendo la plataforma en que se desenvolvió esa interminable guerra de vivales que se desarrolló a partir de 1913.</p>
<p>
Con lógica impecable, concurrieron en el asesinato de Madero las mismas condiciones y espacios que se dieron en el derrocamiento y muerte del Consumador de la Independencia, Agustín de Iturbide y Arámburu 89 años antes:</p>
<p>
• Una transición social de un sistema autocrático a un sistema democrático desconocido<br />
• La participación de agentes extranjeros en la generación de divisiones y turbulencias<br />
• La seducción del poder y de la riqueza por parte de líderes identificados con el Gobierno establecido<br />
• El recurso a medidas ilegales, previa o inmediatamente después legalizadas<br />
• La presencia de una Sociedad estupefacta, pasiva y meramente espectadora<br />
• Por lo menos la congelación, violenta o artificialmente jurídica, de instituciones o grupos capaces de reaccionar ante el caos inducido<br />
El colapso de la riqueza nacional, que exigiría inevitablemente nuevos endeudamientos<br />
• La decantación sangrienta de los líderes en combate<br />
• El reacomodo final, donde los intereses de dentro y de fuera son satisfechos a costa de la Nación; condición que se ofrece como única posible para detener el caos.</p>
<p>
En este contexto de conflicto y desatamiento de ambiciones violentamente perseguidas, se ubica el inesperado matiz anticatólico del caos caudillista. La Iglesia, fortalecida con el trabajo y los recursos de sus fieles a lo largo del porfiriato, se yergue como un grupo social de fuerte representación que ha incursionado con bastante eficacia en el campo de la justicia social y de la apertura democrática, mucho antes de que estas mismas preocupaciones fuesen llevadas a la escena pública por otros actores. Esta situación la hizo muy pronto objeto de preocupación para quienes buscaban imponer un modelo de país sin tener en cuenta la opinión de sus habitantes, aprovechando justamente el caos producido por la guerra de caudillos en curso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Señor Cura don Librado Tovar</strong></p>
<p>
Uno de los más inquietos y activos intelectuales de Jalisco en fomentar el impulso democratizador que potenció Francisco I. Madero en su campaña por la Presidencia de la República, fue el Presbítero Librado Tovar, del Clero de Guadalajara, siendo el suyo un liderazgo integral y sólido -“robusto, apostólico y culto”, según asienta su biógrafo Benjamín Ruelas-, que bastaría la labor que desplegó en el campo de la Prensa Católica y de las Bellas Artes, para otorgarle un recuerdo permanente. Se añade a ello su interés por la cuestión agraria y obrera, campo en el que llegaría a ser, según el dicho de Francisco Barbosa, un “experimentado organizador de obras sociales” en los años previos e inmediatos al inicio de la Revolución Mexicana.</p>
<p>
Nativo de la Municipalidad de Atenguillo, Librado Tovar Montes nació en 1876. Fue contemporáneo de la pléyade levítica de Miguel M. de la Mora, Pascual Díaz Barreto, Cristóbal Magallanes Jara, Antonio Correa, José María Cornejo, Severo Díaz Galindo, Alfredo R. Placencia Jáuregui y Cipriano Íñiguez.</p>
<p>
Su despejado talento le llevó a ocuparse de labores magisteriales desde sus tiempos de escolapio en el Seminario Auxiliar de Aguascalientes. Presbítero en 1900, fue asesor de las Conferencias Vicentinas, que despertaron su interés por la cuestión social. Entre 1902 y 1907 fue Vicario Parroquial en Ayutla; Maestro de Matemáticas y Canto Gregoriano en el Seminario de Guadalajara; Capellán de las Capuchinas y de la Fábrica de La Escoba, donde se involucró con el mundo de los obreros.<br />
Su vida literaria comenzó en 1906, como cronista del Tercer Congreso Católico y Primero Eucarístico. Tuvo el mismo desempeño durante la Cuarta Semana Social de los Operarios Guadalupanos, celebrada en Zacatecas en 1912, y en el Congreso Católico Regional, de abril de 1919, donde se ocupó de la primera Secretaría de la Mesa Directiva.</p>
<p>
Miembro muy activo de los Operarios Guadalupanos desde 1909, tuvo a su cuidado la publicación periódica de este grupo: “Restauración Social”, en 1910, hasta su nombramiento como Párroco de Tecolotlán, en septiembre de 1911, destino éste donde casi nada más al llegar estableció una Sociedad de Obreros Católicos que llamó de Nuestra Señora del Refugio.<br />
Distinguido miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, publicó investigaciones suyas relevantes. También formó parte de la Academia Mexicana de Santa María de Guadalupe y de la Sociedad Indianista Mexicana.</p>
<p>
El Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez lo nombró Oficial Mayor de la Curia Metropolitana en 1913, Rector del Colegio de Infantes de la Catedral y Capellán del Hospicio Cabañas. Fue Párroco en Tecolotlán, Ahualulco, San Juan de Dios (ciudad) y Amatlán de Cañas. De nuevo en la Capital de Jalisco, en 1925, fue Sochantre de la Catedral hasta tres años antes de su deceso. Murió en Guadalajara en 1938.</p>
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		<item>
		<title>¿Verdaderamente fuimos independientes en 1810?</title>
		<link>http://www.semanario.com.mx/ps/2010/09/%c2%bfverdaderamente-fuimos-independientes-en-1810/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Sep 2010 17:47:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bicentenario de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[Bitácora]]></category>
		<category><![CDATA[712]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>El lunes 27 se cumplirán 179 Años de la Consumación de la Independencia Nacional</p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong><u>Efemérides exactas</u></strong></p>
<blockquote>
<p>Con el célebre “Grito”, con que el Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla arengó a sus feligreses reunidos en el atrio del Templo de Dolores aquella madrugada del 16 de septiembre de 1810, en realidad apenas se iniciaba el Movimiento Insurgente. La lucha libertaria, con intermitencias, duró 11 años, y fue hasta 1821 cuando efectivamente nos independizamos de la Corona de España</p>
</blockquote>
<p><em><img hspace="8" alt="26" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/09/26-51.jpg" width="300" height="367" />Profa. Raquel Guadalupe Núñez Rojas<br />
Corresponsalía Guadalajara del Seminario de Cultura Mexicana</em></p>
<p>En 1820, luego de transcurriros 10 años de contienda insurgente, la Independencia de la Nueva España no era aún una realidad, puesto que todavía los dos ejércitos (el de los sublevados y el de los realistas) continuaban peleando, en una desgastante guerra fratricida, en varias regiones de la Patria, sobre todo en el Sur, donde bizarramente combatía aún Don Vicente Guerrero Saldaña.<br />
Providencialmente, tanto este valiente militar rebelde como el General Don Agustín de Iturbide y Arámburu, criollo michoacano, que había sido contrincante de los insurgentes y ahora pretendía unificarlos, entablaron pláticas, lograron acuerdos y decidieron unir sus fuerzas en bien de la paz y del término formal de esa lid entre hermanos.</p>
<p><strong>El Plan de Iguala</strong></p>
<p>Se haya realizado o no, efectivamente, el “Abrazo de Acatempan” entre ambos caudillos, lo cierto es que ambos convinieron en un entendimiento. En la Ciudad de Puebla se redactó un Plan de Independencia, a instancias y bajo la supervisión de Iturbide, que incluía una Proclama, y se le denominó Plan de Iguala, por haberse promulgado después y jurado en esa localidad (hoy del Estado de Guerrero), precisamente el 24 de febrero de 1821.</p>
<p>
Los principales puntos y objetivos del Plan fueron: a) La Unidad Religiosa, que aseguraba mantener como única religión vigente, a la Católica (a la que amenazaban los franceses, presionando a España y al Papa); b) la Unión de todos los habitantes de la nueva Nación Mexicana (que incluía entonces todo el Sur de Estados Unidos y lo que ahora es la América Central; c) la Absoluta Independencia respecto de España.<br />
Estas Tres Garantías se simbolizaron y plasmaron en una primera Bandera con tres colores en franjas diagonales: Blanco, Rojo y Verde; colores que serían, desde entonces, aunque modificados en su colocación, los de nuestro Lábaro Patrio, que orgullosamente honramos.</p>
<p>
La Consumación de la Independencia de México se conmemora el 27 de Septiembre, día en que (1821), Iturbide entró a la Ciudad de México encabezando al Ejército Trigarante. En tal fecha, el caudillo cumplía años. La entrada a la Capital la hizo por la Calle de Plateros, hoy Madero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Credo<br />
Mexicano</strong></p>
<p>México, creo en ti,<br />
como en el vértice de un juramento.<br />
Tú hueles a tragedia, tierra mía,<br />
y sin embargo ríes demasiado,<br />
acaso porque sabes que la risa<br />
es la envoltura de un dolor callado.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
sin que te represente en una forma,<br />
porque te llevo dentro; sin que sepa<br />
lo que tú eres en mí; pero presiento<br />
que mucho te pareces a mi alma,<br />
que sé que existe, pero no la veo.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
en el vuelo sutil de tus canciones,<br />
que nacen porque sí; en la plegaria<br />
que yo aprendí para llamarte Patria:<br />
algo que es mío en mí como tu sombra,<br />
que se tiende con vida sobre el mapa.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
en forma tal que tienes de mi amada<br />
la promesa y el beso que son míos,<br />
sin que sepa por qué se me entregaron:<br />
no sé si por ser bueno o por ser malo<br />
o porque del perdón nazca el milagro.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
sin preocuparme el oro de tu entraña:<br />
es bastante la vida de tu barro<br />
que refresca lo claro de las aguas<br />
en el jarro que llora, por los poros,<br />
la opresión de la carne de tu raza.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
porque creyendo te me vuelves ansia<br />
y castidad y celo y esperanza.<br />
Si yo conozco el Cielo, es por tu cielo;<br />
si conozco el dolor, es por tus lágrimas<br />
que están en mí aprendiendo a ser lloradas.</p>
<p>
México, creo en ti,<br />
en tus cosechas de milagrerías,<br />
que sólo son deseo en las palabras.<br />
Te consagras de auroras que te cantan<br />
¡y todo el bosque se te vuelve carne!,<br />
¡y todo el hombre se te vuelve selva!</p>
<p>México, creo en ti,<br />
porque nací de ti, como la flama<br />
es compendio del fuego y de la brasa;<br />
porque me puse a meditar que existes<br />
en el sueño y materia que me forman<br />
y en el delirio de escalar montañas.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
porque escribes tu nombre con la equis,<br />
que algo tiene de Cruz y de Calvario;<br />
porque el águila brava de tu escudo<br />
se divierte jugando a los volados<br />
con la vida y, a veces, con la muerte.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
como creo en los clavos que te sangran,<br />
en las espinas que hay en tu corona,<br />
y en el mar que te aprieta la cintura<br />
para que tomes, en la forma humana,<br />
hechura de sirena en las espumas.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
porque si no creyera que eres mío,<br />
el propio corazón me lo gritara<br />
y te arrebataría con mis brazos<br />
a todo intento de volverte ajeno,<br />
sintiendo que a mí mismo me salvaba.</p>
<p>México, creo en ti,<br />
porque eres el alto de mi marcha<br />
y el punto de partida de mi impulso.<br />
¡Mi credo, Patria, tiene que ser tuyo,<br />
como la voz que salva y como el ancla&#8230;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><u>REPÚBLICAS NACIENTES DE LA INDEPENDENCIA<br />
Fin de las luchas libertarias<br />
 y su emerger como nación</u></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<p>“Para enmarcar las Gestas de Independencia, de México y de las Naciones hermanas de nuestra América, hay que delinear los albores, los preludios, los procesos de Independencia, así como su Consumación, generalmente Republicana, con el surgimiento de países libres y autónomos. Rasgos que unifican la constelación de los nuevos Estados”(Cfr. Kaleidoscopio de esta América Nuestra”, AGF. XIV, Páginas 58-59).</p>
</blockquote>
<p><em><img hspace="8" alt="28" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/09/28-49.jpg" width="300" height="200" />Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso<br /></em> <br />
Para comprender, en visión de conjunto, los procesos de la Independencia en las naciones de nuestra América y sus inicios como Estados independientes, podemos precisar siete rasgos. A saber:<br />
1° Que todas las Gestas de Independencia, desde la inicial en Haití hasta la última, de Cuba, fueron luchas libertarias como revoluciones, pero pocas veces trastocaron a fondo en sus comienzos el sistema social injusto ni las profundas contradicciones de explotación colonial. Tuvieron que sobrevenir revoluciones más radicales, como la de México, ya en su Centenario.</p>
<p>
2° Rasgo común cronológico, es que la mayoría de ellas se suscitó en las primeras décadas del Siglo XIX, cuando los autores pusieron como final la rendición de los realistas ante el Mariscal Sucre en la Batalla de Ayacucho, Perú.</p>
<p>
3º. Otro rasgo que unifica a los nuevos Estados emergentes es el ideológico; oxígeno del pensamiento libertador en su anhelo de autonomía.</p>
<p>
4° Un rasgo que podemos calificar de paradójico, es que en esos Movimientos aparece la mano convenenciera, sagaz, urdidora de la Inglaterra británica, ya sea en Venezuela como en las repúblicas del Cono Sur. Y caro se cobró Albión su supuesta ayuda…</p>
<p>
5° Rasgo identificador es el clerical, pues resalta la participación notable, y heroica muchas veces, de clérigos, frailes religiosos, sacerdotes diocesanos, o Curas, como en México lo fueron Hidalgo, Morelos, Matamoros, etcétera. Y José Simeón Cañas, Padre de la Independencia en El Salvador, así como en Caracas, Lima y Buenos Aires hubo otros sembradores semejantes de la semilla de libertad evangélica.</p>
<p>
6° Un rasgo aparece como subterráneo y secreto: es la influencia de las Logias Masónicas en sus pretensiones de poder. ¿Sirvieron éstas a Indoamérica con sus consignas?</p>
<p>
7° El último rasgo se delínea con el trasfondo de la población afroamericana, en todo el movimiento libertario a lo ancho y largo de América. De Haití a Venezuela, Ecuador, Perú y Colombia, y no se diga, más tarde, en Brasil. También en México, así como en Cuba un siglo después.</p>
<p><strong>énfasis republicano en la consumación de la independencia</strong></p>
<p>Con la peculiar excepción de Haití, México, Brasil Cuba y Panamá, además de las Pequeñas Antillas y las Guyanas, todos los otros países de Centroamérica y Sudamérica terminaron su Independencia e iniciaron su vida en moldes republicanos y redactaron su texto constitucional. Así nació la ilusión de la utópica Federación de Estados Centroamericanos, planteada por Francisco de Morazán y Cecilio del Valle; luego transformada en los países actuales. Lo mismo sucedió con “La Gran Colombia”, el sueño bolivariano. Los países sudamericanos sufrieron los altibajos del parto republicano y florecieron en Congresos y Legislaciones. Claro que todos, también, padecieron tiempos de dictadores que violaron las Constituciones, pero volvieron al cauce republicano e institucional en su transitar bicentenario.</p>
<p>
Exceptuamos a Haití, pionero en la Independencia, con su absurdo imperio y su carga de negritud en busca de identidad. A México, que por su peculiar Consumación pasó por el efímero Imperio de Iturbide y su coronación, además de la disolución del Congreso, la consecuente caída y abdicación y la inicial estabilidad de la Constitución de 1824, derrotero republicano.</p>
<p>
Brasil también tardó décadas para definir su Independencia total del imperio portugués. Paralelamente, así, tendrían que esperar su propia gesta independentista naciones como las ya señaladas con anterioridad. Ellas han vivido también su propia independencia con sus rasgos muy particulares en su devenir histórico.</p>
<p><strong>líneas de congratulación y esperanza</strong></p>
<p>Al consignar someramente el final de las Gestas de Independencia, incluida la “Consumación” en México, ya más firme, no podemos menos que congratularnos con nuestra propia Historia, cada quien en su Nación y Patria, con sus luchas y avatares, que han sido tierra fecunda de esperanza nacional y fraterna para este Siglo XXI y esta década que inicia, rememora, como Memoria Patria, y avisora nuestro destino, que “por el dedo de Dios se escribió” como lo rubrica la letra de nuestro tonificante Himno Nacional.<br />
“Ad multos annos”: para muchos años, que presagiaban ya los romanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><u>Los Trigarantes</u></strong></p>
<p>
<em><img hspace="8" alt="29" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/09/29-54.jpg" width="300" height="235" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>Así se ha llamado a los personajes que asumieron el Plan de las Tres Garantías, propuesto por los Generales Agustín de Iturbide y Arámburu y Vicente Guerrero Saldaña, tendiente a llevar a cabo, finalmente, la Consumación de la Independencia Nacional. Esas tres garantías eran: Religión Católica, Independencia y Unión.</p>
<p>
Que el respeto y protección a la religión católica fuese una de las tres garantías, expresa la continuidad de proyectos entre el pensamiento del Cura Miguel Hidalgo y Costilla, que deseaba librar a la religión de la mala influencia de los franceses, y del pensamiento del Cura José María Morelos y Pavón, testimoniado en los primeros 4 Puntos de Los Sentimientos de la Nación; pero expresa, sobre todo, el propósito de salvaguardar la religión como el baluarte de la unidad social, tal como lo había sido durante los tres siglos precedentes: plataforma común de la identidad de los pueblos hispanoamericanos y, por supuesto, defensa frente a los intereses extranjeros, que buscaban romper la unidad de los pueblos americanos a favor de sus intereses.</p>
<p>
La Independencia era, desde luego, la garantía más representativa, por la que se había luchado desde hacía once años, buscando persuadir de sus ventajas al conjunto de la Sociedad. Si bien el Plan de Iguala todavía consideraba la posibilidad de establecer una monarquía en México, y ofrecer la Corona al mismo Fernando VII o a otro Príncipe europeo, en el Plan de las Tres Garantías se habla de Independencia sin mayores compromisos.</p>
<p>
La Unión era, sin duda, el bien más anhelado, así como condición indispensable para la prosperidad de la futura Nación. Por once años, las divisiones dentro y fuera del grupo insurgente habían ya creado serios problemas. Que en un momento dado, dos caudillos antagónicos como lo eran Guerrero e Iturbide, lograran superar sus diferencias radicales; que el mismo Iturbide, aguerrido defensor de la causa realista, tuviese la capacidad, la visión y la audacia de cambiar su postura, era ya de por sí un abono muy importante en la causa de la unidad, aunque después muchos autores lo juzguen de oportunismo. De cualquier manera, fue el oportunismo que facilitó la Consumación de la Independencia; el paso decisivo para el nacimiento de un nuevo país: México.</p>
<p>
Hoy día, el México del Bicentenario nuevamente se ve agobiado por el divisionismo ideológico o pragmático de individuos, partidos, y grupos de toda índole, convirtiendo a la Nación en un caos ingobernable, donde la inequidad, las nuevas dependencias, el quebrantamiento inducido de todas las instituciones, el saqueo de los bienes públicos, la ineptitud e indolencia de las autoridades, la inseguridad y la violencia, nos han puesto al borde del colapso.</p>
<p>
Necesitamos, de nuevo, recuperar los principios y valores que dieron nacimiento a nuestro país, en el marco de las Leyes y de las Instituciones, favoreciendo, más que nunca, la unidad y reconciliación de los mexicanos, para que, lejos de seguir dividiéndonos por todo tipo de razones y sinrazones, sepamos reconstruir nuestra unidad en favor del progreso nacional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El presbítero José María Ramos</strong></p>
<p>Entre los batalladores injustamente proscritos de las páginas de la “historia de bronce”, figura este Presbítero del Clero de Michoacán, no obstante tener de él la constancia de que tomó parte activa en la lucha por la insurgencia desde sus orígenes, y que hizo la ofrenda de su sangre por la causa, pues fue pasado por las armas. El protagonismo del padre Ramos fue el de esos intrépidos caudillos de grupos milicianos que capitaneó durante mucho tiempo una partida de rebeldes.</p>
<p>
Hasta donde sabemos, fue en agosto de 1811 cuando se sumó, él y la gente que lo seguía, a las fuerzas del Presbítero Vicente Ochoa, y que con éste y los cabecillas José María González de Hermosillo, Rafael Oropeza y Ochoa, obligaron a los milicianos gobiernistas, a evacuar la muy importante plaza fuerte de la Ciudad de Aguascalientes, dejando en medio del campo de batalla un rico botín, lo principal del cual fueron algunas piezas de artillería que la gente del Gobierno había arrebatado al caudillo Ignacio López Rayón en el combate del Rancho El Maguey, el 3 de mayo de ese año, en las últimas semanas del cual encontramos al Padre Ramos en la población de La Barca, al frente de dos mil hombres, acometiendo una empresa delicada: la fundición de cuatro piezas de artillería.</p>
<p>
Encontrándose en esta población, se le unió el importante Jefe Juan Gallaga, Fraile Juanino, pero de nada sirvió la alianza de ambos guerrilleros ante la furia y destreza, como estratega, del Brigadier Pedro Celestino Negrete, quien los venció el 29 de mayo. Por cierto, y ésa es una de las tantas manchas que encontramos en el expediente de este militar español, administró un severísimo y desproporcionado correctivo a los pacíficos vecinos de La Barca, usando el ardid de que habían brindado auxilio y protección a los alzados.</p>
<p>
Como un caso raro, el Padre Ramos siguió en pie de lucha hasta que, en 1818, fue aprehendido entre los heroicos defensores del Fuerte de Jaujilla. El jefe realista Martín Aguirre dispuso que se le pasara por las armas en la población de Cointzio.</p>
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		<title>La visión de Morelos</title>
		<link>http://www.semanario.com.mx/ps/2010/09/la-vision-de-morelos-2/</link>
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		<pubDate>Fri, 17 Sep 2010 16:54:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bicentenario de la Independencia]]></category>
		<category><![CDATA[711]]></category>

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		<description><![CDATA[Comisión Editorial para el Bicentenario
El 14 de septiembre de 1813, el señor Cura José María Morelos y Pavón envió, a los Diputados de Chilpancingo, 23 puntos para ser considerados en la Constitución que estaba en ciernes; se le conoce a este Documento como Sentimientos de la Nación. Hoy, a ciento noventa y siete años después [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2010/09/29-53.jpg" alt="29" hspace="8" vspace="5" width="300" height="225" align="left" />Comisión Editorial para el Bicentenario</em></p>
<p>El 14 de septiembre de 1813, el señor Cura José María Morelos y Pavón envió, a los Diputados de Chilpancingo, 23 puntos para ser considerados en la Constitución que estaba en ciernes; se le conoce a este Documento como Sentimientos de la Nación. Hoy, a ciento noventa y siete años después de su redacción, advertimos que varios de esos puntos, pese al prestigio del héroe que los proclamó, a su lucha constante, a su entrega generosa y a los cientos de estatuas, calles, plazas, lugares y demás que llevan su nombre; pese a todo ello, pues, su enseñanza, en cuestiones que son permanentes, sigue siendo ignorada. Así por ejemplo:<br />
Que la Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los Poderes de ella en legislativo, executivo y judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales, y estos á los demás, que deben ser Sujetos sabios y de probidad.<br />
Que la dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos (anuales).<br />
Que como la buena Ley es Superior á todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen á constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el Jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.<br />
Que se quite la infinidad de tributos pechos é imposiciones que más agobian, y se señale á cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, ú otra carga igual ligera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el tributo y otros.<br />
En el México del Bicentenario, los sueldos de los altos funcionarios son inmorales; su probidad y sabiduría es un asunto del que ya ni se habla, y la carga impositiva que pesa sobre los mexicanos es abrumadora e inicua, máxime si consideramos el pésimo manejo que se hace de nuestros recursos. De ahí que el jornal del pobre siga siendo miserable, y no haya quién modere la opulencia, particularmente de los funcionarios.<br />
Es penoso que las Fiestas del Bicentenario no incluyan una revisión autocrítica de la Sociedad y del mismo Gobierno, comparando nuestra situación actual con el ideario de los Héroes que con tanto fervor son vitoreados.</p>
<p><strong>José Guadalupe Salto</strong></p>
<p>Sin duda, uno de los filones dignos de estudio y seguimiento, gira en torno a la participación activa de los americanos que, ostentando el Orden Sagrado, se dieron de alta en las filas de la insurgencia porque no tuvieron más remedio. Véase, si no es el caso, de don José Guadalupe Salto, el cual, habiendo participado inicialmente como Capellán Castrense de los cuadros de la guerrilla, se pasó luego a la lucha a mano armada, debido a la intolerancia y dureza de que fue víctima por su pasado inmediato.<br />
Los simpatizantes de la Causa del Gobierno de los peninsulares convirtieron, en este caso, un cordero en un león, hace dos siglos, ejerciendo su ministerio en la Villa de Teremendo, 43 kilómetros al Noroeste de Morelia. Se trata de don José Guadalupe Salto, Presbítero del Clero de Michoacán, varón de carácter recatado y virtuoso, que de forma espontánea e inmediata se unió al Ejército Insurgente apenas iniciado el Movimiento, alcanzando en esas filas el grado de Coronel.<br />
En 1811 fue detenido en un asalto a Valladolid; sin embargo, fue indultado, circunstancia que de nada le valió ante enemigos gratuitos que se ensañaron en su contra. Apeló entonces al apoyo de su Prelado, don Manuel Abad y Queipo, al que, explicó que con tal de no ser tomado ya como miembro activo y ni siquiera como simpatizante de la insurrección: &#8220;no me he querido reunir con las tropas americanas, ni aun andar con mi hermano, y por eso más bien ando huyendo, durmiendo en los montes, en las cuevas, en los campos, y quedándome muchas veces sin comer o sin cenar o sin desayunarme, y sin embargo de no juntarme con los que llaman insurgentes, me buscan y persiguen los europeos, considerándome como abandonado de mis Prelados, y con este género de vida me inutilizo para el ministerio y aun muchas veces no puedo rezar el Oficio Divino&#8221;.<br />
Sabemos también que su petición no fue acogida con benevolencia, orillándole a volver a la lucha por un breve lapso, pues el 9 de mayo de 1812, convaleciendo de heridas graves, oculto en una caverna contigua al cráter de un volcán apagado conocido como La Alberca, cerca de Teremendo, fue arrestado, y no obstante la gravedad de sus lesiones, remitido a Valladolid de pésima forma y sin la menor consideración por su estado. En pocas horas se le sometió a un juicio sumarísimo y condenado a la pena capital, aun cuando el reo ya era incapaz de sostenerse en pie. Trasladado al patíbulo en andas, se dice que el pelotón de fusilamiento cumplió la sentencia prácticamente sobre un cadáver. Es claro que ejecuciones como la suya, lejos de desalentar a los simpatizantes de la Insurgencia, los llevaron a radicalizar sus posturas.</p>
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