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	<title>Semanario - Órgano de formación e información Católica - &#187; Palabra del Domingo</title>
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	<description>Sitio Web del Semanario de la Arquidiócesis de Guadalajara</description>
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		<title>Vivir para servir</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 20:32:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[783]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia celebra hoy, presenta el pasaje del milagro de la suegra de Pedro, quien al verse curada por Jesús, se transformó en una persona que, mediante el servicio, dio testimonio de su fe. También nos ofrece una excelsa narración, revelatoria del corazón misionero de Jesús, que dedicó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2012/02/35-38.jpg" alt="35" hspace="5" vspace="5" width="200" height="264" align="left" />Juan López Vergara</em></p>
<p>El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia celebra hoy, presenta el pasaje del milagro de la suegra de Pedro, quien al verse curada por Jesús, se transformó en una persona que, mediante el servicio, dio testimonio de su fe. También nos ofrece una excelsa narración, revelatoria del corazón misionero de Jesús, que dedicó su vida a evangelizar con palabras y gestos (Mc 1, 29-39).</p>
<p><strong>Un recuerdo muy vivo<br />
</strong>Después de que Jesús salió de la Sinagoga en compañía de Santiago y Juan, fue a casa de Simón y Andrés. Le informaron que la suegra de Simón estaba enferma (véanse vv. 29-30). Jesús se “acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles” (v. 31). Dentro de su sencillez, el relato es muy vivo, pues parece como si escucháramos a los testigos oculares (¿acaso al propio Pedro?) Ningún otro relato de Marcos suena tanto a recuerdo lejano y próximo a la vez.</p>
<p><strong>¡Nobleza obliga!</strong><br />
El gesto transmitido por el contacto de la mano entraña una profunda carga simbólica, que nos hace pensar en la oración del salmista: “Tu diestra me sostiene” (Sal 63, 9). El verbo “levantar”, en el lenguaje de las comunidades cristianas, evocaba la resurrección. El milagro no tiene objetivo apologético, cuanto valor de revelación.<br />
El poder de Jesús nos levanta de nuestra postración al manifestarnos la verdadera libertad, gracias a la cual somos capaces de servir. El evangelista destaca que, al ser sanada la suegra, se dedicó a servirlos, mostrando su actitud como un voto de gratitud al Señor, dando así vida a aquello que reza: ¡Nobleza obliga!</p>
<p><strong>El anhelo misionero de Jesús<br />
</strong>Después, vemos un texto descriptivo de las curaciones y exorcismos dispensados por Jesús, quien prohibió a los demonios publicar su Misterio (véanse vv. 32-34). Los demonios conocían quién es Jesús, pero no hubieran sabido decir cómo realizaría su misión.</p>
<p>El Señor, enseguida, se retiró para encontrarse más íntimamente con su Padre: “Cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar” (v. 35). Al encontrarlo, Simón y sus hermanos le participaron que todos lo buscaban (véanse v. 36-37). Jesús, entonces, dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido” (v. 38). El Señor se muestra contrario a cualquier acaparamiento, y huye de toda posible instrumentalización de los designios del Padre.</p>
<p>La oración es el momento en que Jesús adopta resoluciones decisivas. El texto griego dice: “Para eso he salido”. Jesús “salió” del Padre para ser portador de la Buena Nueva (compárese Jn 8, 42). El verbo “salir” sugiere la apertura del Señor Jesús, su absoluta disponibilidad y anhelo misionero.</p>
<p>San Marcos termina con una frase sumaria que asegura que Jesús se decidió a abolir cualquier clase de fronteras, y por eso “recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios” (v. 39). Enseñando, por consiguiente, que quien no vive para servir, no sirve para vivir.</p>
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		<title>Jesús revela su autoridad haciendo el Bien</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 19:54:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[782]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
Nuestra Madre Iglesia ofrece para hoy la escena de la primera actuación de Jesús registrada por San Marcos, quien describe, con el lenguaje y la mentalidad de su época, la victoria del Señor ante los poderes del Mal, revelando así el rostro de su más caro anhelo: hacer siempre el Bien (Mc 1, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2012/01/35-37.jpg" width="200" height="213" />Juan López Vergara</em></p>
<p>Nuestra Madre Iglesia ofrece para hoy la escena de la primera actuación de Jesús registrada por San Marcos, quien describe, con el lenguaje y la mentalidad de su época, la victoria del Señor ante los poderes del Mal, revelando así el rostro de su más caro anhelo: hacer siempre el Bien (Mc 1, 21-28).</p>
<p><strong>Jesús, fuente de autoridad y doctrina<br /></strong> El evangelista relata que, habiendo llegado Jesús a Cafarnaúm el sábado, asistió a la sinagoga y “se puso a enseñar” (v. 21). Hasta la aldea más pequeña tenía su sinagoga, donde la gente se reunía para la oración, la lectura y la explicación de la Ley y los Profetas.</p>
<p>Jesús de Nazareth fue un laico respetuoso de las instituciones religiosas (compárese Lc 4, 16). El Señor enseñó no como repetidor de tradiciones, sino como fuente de autoridad y doctrina: “Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (v. 22). Su enseñanza, suscrita por el embelesador Misterio de su Persona, provocó el asombro del pueblo, que intuyó la verdad de sus palabras (compárese Lc 10, 21).</p>
<p><strong>¡Qué teólogos tan peculiares!</strong><br />
El evangelista relata, enseguida, la entrada de un endemoniado que se puso a gritar: “¿Qué quieres Tú con nosotros, Jesús de Nazareth? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios” (vv. 23-24). “Santo” significa “consagrado”, lo cual implica una separación para ejercer el ministerio profético. Aquel espíritu inmundo reconoció en Jesús al Profeta consagrado por Dios para su misión (compárese Jr 1, 5). Los demonios contemplan lo invisible, revelando la trascendencia de la personalidad de Jesús. ¿Acaso se convierten así en los teólogos de Marcos?</p>
<p><strong>La autoridad de la Palabra de Jesús</strong><br />
A ése que se atrevió a perturbar el servicio litúrgico, Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” (v. 25). El furibundo espíritu obedeció (véase v. 26). El mandato sugiere que Jesús compartió la creencia, característica de su tiempo, de la posesión de los demonios, pero la trascendió, pues con sólo su palabra, sin recurrir a prácticas mágicas, expulsó al espíritu inmundo. Entonces todos se quedaron estupefactos. El asombro responde a que Jesús echó a aquel espíritu sin requerir ciertamente de fórmulas mágicas, pero también se debió a su enseñanza, como constatamos en los comentarios de la multitud: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta?” (v. 27a); y, sobre todo, por el impacto suscitado ante el Misterio de la luminosa y seductora Persona del Señor Jesús, quien “tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen” (v. 27b).</p>
<p>El pasaje culmina con una especie de sumario (véase v. 28). Lo que asombra no se reduce a la novedad de la enseñanza de Jesús, sino a la autoridad emanada de su palabra.</p>
<p>La enseñanza de Jesús tiene autoridad porque no es solamente palabra, sino gesto. Es una palabra poderosa que libera y que cura: Jesús nos revela su autoridad haciendo el Bien.</p>
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		<title>El Reino se realiza cuando amamos</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 21:30:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[781]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
El Evangelio que nuestra Madre Iglesia dispone para hoy en la Eucaristía, presenta un sumario inicial del ministerio del Señor que determina el esquema de la obra marcana (Evangelio según San Marcos), y la narración de la vocación de los primeros discípulos, cuyo núcleo radica en el “seguimiento” de Jesús (Mc 1, 14-20).
“Tanto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2012/01/35-36.jpg" width="252" height="289" />Juan López Vergara</em></p>
<p>El Evangelio que nuestra Madre Iglesia dispone para hoy en la Eucaristía, presenta un sumario inicial del ministerio del Señor que determina el esquema de la obra marcana (Evangelio según San Marcos), y la narración de la vocación de los primeros discípulos, cuyo núcleo radica en el “seguimiento” de Jesús (Mc 1, 14-20).</p>
<p><strong>“Tanto amó Dios al mundo…”<br /></strong> Después de la detención del Bautista, Jesús se fue a Galilea y comenzó a proclamar el Evangelio de Dios: “Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (vv. 14-15).</p>
<p>Marcos esboza en dos líneas el núcleo del mensaje: “Se ha cumplido el tiempo, y el Reino de Dios ya está cerca”. Esto supone una continuidad que enlaza las etapas del designio divino que culmina con el arribo de Jesús inaugurando la era mesiánica: “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo” (Ga 4, 4).</p>
<p>La manifestación del amor de Dios se patentiza en su solidaridad con el hombre, “porque tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).</p>
<p><strong>Jesús mismo es el Reino<br /></strong>“Conviértanse y crean en el Evangelio”; la aceptación libre y gozosa de la Buena Nueva nos permite participar del Reino que se hace presente en Jesús. Por eso, Orígenes se refiere a Él como “autobasileia”, ya que en el Misterio de la Persona de Jesús se encarna el proyecto de Dios: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí” (Jn 14, 6).</p>
<p><strong>Seguir a Jesús significa hacer el bien</strong><br />
El evangelista, enseguida del sumario, muestra la vocación de los primeros discípulos como ejemplo de conversión, de adhesión activa al llamado de Jesús, quien les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (vv. 17-18).</p>
<p>El llamado de Jesús contrasta con el de los rabinos de la época, que no iban en busca de discípulos, sino que eran éstos quienes buscaban al maestro. En las escuelas rabínicas, además, la doctrina ocupaba el primer puesto; en el seguimiento evangélico, en cambio, el hecho esencial radica en la propia Persona de Jesús.</p>
<p>En el texto griego, literalmente leemos que el Señor dice: “Vengan tras de Mí”, expresión que entraña una invitación a participar de su destino: desprendiéndonos de todo (compárense v. 18 y 20 con Mc 10, 21); dispuestos hasta el sufrimiento y la Cruz, “llamando a la gente, a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir tras de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’” (Mc 8, 34).</p>
<p>Vayamos tras Jesús, decididos a recorrer su mismo camino, y como Él, pasar por el mundo “haciendo el bien” (Hch 10, 38); convencidos de que allí donde vivimos el amor, que es la voluntad de Dios para con nosotros, se realiza el Reino.</p>
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		<title>Solidarios en la fe y por la fe</title>
		<link>http://www.semanario.com.mx/ps/2012/01/solidarios-en-la-fe-y-por-la-fe-2/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 19:44:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[780]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
Nuestra Madre Iglesia ofrece hoy una escena propia del evangelista Juan, que espléndidamente pintó la vocación de nuestros primeros hermanos en la fe, recordando que el Bautista inspiró a sus seguidores a convertirse en discípulos de Jesús, y su encuentro con Él alumbró una reacción en cadena que nos revela la esencia misionera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2012/01/35-35.jpg" width="200" height="224" />Juan López Vergara</em></p>
<p>Nuestra Madre Iglesia ofrece hoy una escena propia del evangelista Juan, que espléndidamente pintó la vocación de nuestros primeros hermanos en la fe, recordando que el Bautista inspiró a sus seguidores a convertirse en discípulos de Jesús, y su encuentro con Él alumbró una reacción en cadena que nos revela la esencia misionera de la fe cristiana (Jn 1, 35-42).</p>
<p><strong>Jesús es la respuesta de Dios<br /></strong>Estando el Precursor con dos de sus discípulos, cuando Jesús pasaba, manifestó: “Éste es el cordero de Dios” (vv. 35-36). San Juan destaca que “al oír estas palabras, siguieron a Jesús” (v. 37), quien los cuestionó: “¿Qué buscan?” (v. 38a). Ellos le preguntaron: “¿Dónde vives, Rabí? -Rabí significa ‘maestro’-” (v. 38b). Jesús respondió, “‘Vengan a ver’. Fueron, pues, vieron dónde vivía y permanecieron con Él ese día” (v. 39a).</p>
<p>Jesús invita a “venir y ver”. “Venir” simboliza el paso de la fe: “Yo soy el pan de vida. El que venga a Mí, no tendrá hambre” (Jn 6, 35). Para el evangelista, “ver” significa la visión de la fe, que creativamente delineó en el relato de la curación del ciego, a quien Jesús preguntó: “‘¿Tú crees en el Hijo del hombre?’ Él respondió: ‘¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: ‘Lo has visto; el que está hablando contigo, Ése es’. Él, entonces, dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante Él” (Jn 9, 35-38). Finalmente, “permanecer”, expresa la unión vital con Jesús: “Yo soy la vid, y ustedes los sarmientos. El que permanece en Mí y yo en él, ése da mucho fruto” (Jn 15, 5).</p>
<p>Juan tiene especial cuidado en recordar la hora precisa del trascendental encuentro (véase v. 39b). Con innegable arte literario, el evangelista evoca al hombre que busca a Dios, al Dios de la Salvación y, en Jesús encuentra la respuesta.</p>
<p><strong>La misión de Pedro</strong><br />
Andrés vio primero a su hermano Simón y le participó su descubrimiento: “‘Hemos encontrado al Mesías’ -que quiere decir ‘el Ungido’-” (vv. 40-41), y lo llevó con Jesús, quien fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás -que significa Pedro, es decir, ‘roca’-” (v. 42).</p>
<p>Pedro se dejó conducir hasta el Señor, quien le otorgó una nueva identidad, cuya delicada misión consistirá en confirmar en la fe a sus hermanos (compárense Lc 22, 32 y Jn 21, 15-17).</p>
<p><strong>Benedicto XVI nos confirma en la fe</strong><br />
Corresponde ahora al papa Benedicto XVI confirmarnos en la fe. Por eso, en uno de sus discursos “urbi et orbi” -a la Ciudad de Roma y al mundo-, con magistral responsabilidad, exclamó: “En cada uno de estos lugares, que brille la luz de la Navidad y aliente a todas las personas a cumplir su parte, en un espíritu de auténtica solidaridad”. Y advirtió, “Si la gente se ocupa tan sólo de sus propios intereses, nuestro mundo, sin duda, se desintegrará”.<br />
¡Seamos, por tanto, solidarios en la fe y por la fe!</p>
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		<title>Dejémonos sorprender por Dios</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 19:29:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
Hoy celebramos la Fiesta de la Epifanía del Señor, y la Iglesia nos presenta el conocido Pasaje de los “Reyes Magos”, exclusivo del Santo Evangelio según San Mateo, el cual destaca que el ofrecimiento de nuestra propia vida es la forma más hermosa que tenemos de corresponder a la noble e inaudita Manifestación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2012/01/35-34.jpg" width="120" height="154" />Juan López Vergara</em></p>
<p>Hoy celebramos la Fiesta de la Epifanía del Señor, y la Iglesia nos presenta el conocido Pasaje de los “Reyes Magos”, exclusivo del Santo Evangelio según San Mateo, el cual destaca que el ofrecimiento de nuestra propia vida es la forma más hermosa que tenemos de corresponder a la noble e inaudita Manifestación de Dios en Jesús (Mt 2, 1-12).</p>
<p><strong>“Y postrándose, lo adoraron”</strong><br />
Unos osados personajes, paganos, sabios y piadosos, vieron emerger la estrella del Rey de los judíos en el Oriente y decidieron seguirla para ir a adorarle (véase vv. 1-2). La estrella protagonizó la búsqueda (véanse vv. 2.7.9.10); fue la guía que los acompañó hasta Belén (véanse vv. 1.5.6.7). La tradición anunciaba al Mesías como la estrella que surge de Jacob (compárese Nm 24, 17); y conforme a las Profecías, los paganos le rendirían homenaje (compáreseIes 49).<br />
La promesa se cumplió en una Persona concreta, Jesús, a quien precede toda una historia anterior, ordenada a Él, y de quien emana un movimiento e historia nuevos (compárense Miq 5, 1-3). Por eso la incansable búsqueda de aquellos “Magos” cristalizó cuando “vieron al Niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron” (v. 11).</p>
<p><strong>Diferentes reacciones<br /></strong>Ante la noticia del surgimiento de la estrella, apreciamos tres reacciones: la de Herodes, desde la óptica del poder, que al sentirse amenazado acabó respondiendo con crueldad (véanse vv. 13-18); la de los sumos sacerdotes y escribas, quienes a pesar de conocer las Escrituras, permanecieron instalados en una erudición descomprometida e infecunda; y la de los peregrinos, que representa lo más genuino de toda vida humana, al encarnar esa extraña y misteriosa suma de pasión y acción, resultado del venir de Dios hacia nosotros y de un salir nuestro hacia el encuentro de Él.<br />
La Palabra nos muestra que aquellos “Magos” encontraron al Rey por haberse puesto en camino (véase v. 9); pero sin dejar de reconocer que toda búsqueda auténtica está precedida por un encuentro (véase v. 2).</p>
<p><strong>El Mago pobre</strong><br />
Los obsequios ofrecidos por los “Magos” son un símbolo de reconocimiento hacia Jesús, al significar, probablemente: el oro, su realeza; el incienso, su divinidad; y la mirra, su naturaleza humana. Pero el mayor regalo consistió en la entrega de su vida, testificada por su búsqueda, que ilustramos con este relato de matriz popular:<br />
“Cuando los Magos decidieron seguir la estrella, entre ellos había uno que no tenía ningún obsequio qué llevar, por lo cual se negó a acompañarlos. Sus colegas le dijeron: ‘Ánimo, lo importante es encontrarse con Él’. El Mago pobre, reconvino: ‘No, me sentiría muy mal de llegar con mis manos vacías’. Pero el entusiasmo de sus hermanos era tan grande, que acabó por convencerle. En el momento en que todos entregaban a María sus ofrendas, Ella se vio imposibilitada de continuar abrazando a su Hijo, por lo cual lo colocó gustosa en los brazos del Mago pobre, quien, conmovido, adoró tiernamente al Niño-Dios”.</p>
<p>¡En este año que inicia, dejémonos sorprender por Dios…!</p>
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		<title>María, oyente de la Palabra</title>
		<link>http://www.semanario.com.mx/ps/2011/12/maria-oyente-de-la-palabra/</link>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 19:13:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[778]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
Nuestra Madre Iglesia, en este Tiempo de Navidad, nos invita a reflexionar en torno al Misterio de la Encarnación, que supone la humanización de Dios, quien para relacionarse a fondo, necesitó de una mujer para nacer: María, que a través de su fecunda virginidad nos dio al Salvador (Lc 2, 16-21).
Su leche se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2011/12/35-33.jpg" width="200" height="283" />Juan López Vergara</em></p>
<p>Nuestra Madre Iglesia, en este Tiempo de Navidad, nos invita a reflexionar en torno al Misterio de la Encarnación, que supone la humanización de Dios, quien para relacionarse a fondo, necesitó de una mujer para nacer: María, que a través de su fecunda virginidad nos dio al Salvador (Lc 2, 16-21).</p>
<p><strong>Su leche se convirtió en la Sangre de Cristo<br /></strong>Los relatos de infancia contienen elementos poéticos de inefable belleza y significación: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que ha de nacer será Santo y se llamará Hijo de Dios” (Lc 1, 35).</p>
<p>La poesía juega un papel determinante en la comprensión, pues “el decir y el oír poéticos pertenecen tan íntimamente a la esencia del hombre, que allí donde esta capacidad esencial sea destrozada completamente, el hombre no puede oír la Palabra de Dios expresada en palabra humana” (K. Rahner).</p>
<p>Recurrimos, sorprendentemente, a Jean Paul Sartre, quien nos ayuda a comprender que la humanidad de Jesús no es una humanidad abstracta, sino concreta, tomada de su madre y de su tierra: “La Virgen está pálida y mira al Niño. Lo que habría que pintar en su cara sería un gesto de asombro, lleno de ansiedad, que no ha aparecido más que una vez en un rostro humano. Y es que Cristo es su hijo, carne de su carne y fruto de sus entrañas. Durante nueve meses lo ha llevado en su seno, y Ella le dará el pecho, y su leche se convertirá en la Sangre de Cristo” (Barioná, el hijo del trueno. Un ateo que presenta mejor que nadie el Misterio de la Navidad, Madrid 2006, Pág. 162).</p>
<p><strong>Ternura por la carne</strong><br />
La fe cristiana es filosárquica, es decir, entraña ternura por la carne. El Ángel ofrece, como señal, que “encontrarán un niño envuelto en pañales” (Lc 2, 12). Esto muestra que asumió una carne vulnerable al frío, al hambre y a la sed, que nos impide concebir la Encarnación en abstracto y asumir de verdad la humanidad: La Encarnación hecha carne; y la carne, dirá Merleau Ponty, es jeroglífico del espíritu.</p>
<p><strong>María, mujer inteligente</strong><br />
Los pastorcillos fueron a toda prisa y encontraron todo como el Ángel les había anunciado (véase v. 16). Contaron lo sucedido, y quienes los oían se maravillaban (véanse vv. 17-18). “María, por su parte, guardaba todas esas cosas y las meditaba en su corazón” (v. 19). Mujer inteligente que reflexionaba semejante Misterio: La Palabra eterna de Dios se expresaba y se hacía visible, tangible, en la carne de su pequeño.</p>
<p>Para tratar de comprender de una forma renovada el Misterio de la Encarnación, no habría que decir sólo que Dios se hizo hombre, sino hombre judío, por lo cual, para alcanzar su humanidad, hemos de hacerlo a través de su “judeidad”. Al cumplirse los ocho días, “circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús” (v. 21). Este rito, de honda significación para un judío, se ha denominado: “El dolor de la pertenencia”.</p>
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		<title>La Palabra tiene un rostro</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 20:01:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[777]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
El Evangelio que la Iglesia nos invita a celebrar hoy, entraña el núcleo de nuestra fe cristiana: Dios, por pura Gracia, ha salido de su trascendencia, inaccesible para nosotros, y se ha revelado como Palabra viva en y por su Hijo Unigénito: Jesucristo, quien es presentado por Juan como el exégeta y relator [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2011/12/35-32.jpg" width="200" height="200" />Juan López Vergara</em></p>
<p>El Evangelio que la Iglesia nos invita a celebrar hoy, entraña el núcleo de nuestra fe cristiana: Dios, por pura Gracia, ha salido de su trascendencia, inaccesible para nosotros, y se ha revelado como Palabra viva en y por su Hijo Unigénito: Jesucristo, quien es presentado por Juan como el exégeta y relator del Misterio del Padre (Jn 1, 1-18).</p>
<p><strong>La Palabra se hizo hombre</strong><br />
El evangelista, desde el inicio del prólogo, nos sitúa ante la Creación del mundo con un solemne: “En el principio ya existía Aquél que es la Palabra, y Aquél que es la Palabra estaba con Dios y era Dios” (v. 1). El interés de Dios por el mundo, tal como se manifiesta desde la conciencia de la libre Creación en el Génesis, tenía que acabar relacionando personalmente a Dios con el hombre, dispuesto a compartir su destino: “Y aquél que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Hemos visto su Gloria, Gloria que le corresponde como Unigénito del Padre, lleno de Gracia y de Verdad” (v. 14). Este versículo, “sintetiza el Misterio de Jesús” (Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, Madrid 2007, 367).</p>
<p><strong>Se encarnó por amor y para amar</strong><br />
Este acto de intercesión, que conocemos como “Encarnación”, es un acto definitivo, perennemente actual: la Palabra se ha hecho hombre por siempre. La Encarnación como impulso primordial de Dios que, siendo en Sí mismo comunión y autodonación plena, obra en su actuación “ad extra”. La Encarnación, por consiguiente, no se refiere sólo a la liberación del pecado, sino también al establecimiento de la comunión de vida entre Dios y el hombre: Jesús se hizo Hermano nuestro.</p>
<p>La Encarnación testimonia el amor de Dios hacia nosotros, pues no nos ha arrojado a la existencia despreocupándose de nosotros. Quien nos ha creado por amor, se ha encarnado para amar.</p>
<p><strong>Jesús, exégeta y relator del Padre</strong><br />
San Juan concluye el prólogo asegurando: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado” (v. 18). El texto griego dice literalmente que es quien hizo la “exégesis”. Jesús es el exégeta y relator del Misterio del Padre (compárese Jn 15, 15).</p>
<p>La Segunda Lectura revela que “en distintas ocasiones, y de muchas maneras, habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los Profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual hizo el Universo” (Hb 1, 1-2). El Santo Padre Benedicto XVI, en un documento precioso que habla sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, enseña: “Ahora, la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazareth” (Verbum Domini, 12), de quien hoy, con inmensa dicha, celebramos su cumpleaños.</p>
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		<title>El Sí de María</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Dec 2011 18:45:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[776]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
Nuestra Madre Iglesia ofrece hoy un pasaje del Santo Evangelio, que sobresale por la sublime exquisitez con que proclama el Misterio de Dios como pura gratuidad, como amor que se dona, y la confiada respuesta de María, quien así honró a la Vida como sólo una madre puede hacerlo (Lc 1, 26-38).
La Madre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2011/12/35-31.jpg" width="120" height="162" />Juan López Vergara</em></p>
<p>Nuestra Madre Iglesia ofrece hoy un pasaje del Santo Evangelio, que sobresale por la sublime exquisitez con que proclama el Misterio de Dios como pura gratuidad, como amor que se dona, y la confiada respuesta de María, quien así honró a la Vida como sólo una madre puede hacerlo (Lc 1, 26-38).</p>
<p><strong>La Madre del Salvador</strong><br />
Con su habitual destreza, San Lucas nos traslada, del solemne Templo en que tuvo lugar la anunciación del nacimiento del Bautista, a una aldea de Galilea, donde vivía una linda jovencita, desposada con un varón de la Casa de David, llamado José (véanse vv. 26-27). En tan insignificante lugar resonaron las palabras divinas más hermosas jamás escuchadas por una mujer: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (v. 28). “Llena de gracia” es uno de esos participios pasivos, casi títulos, que conocemos por la literatura profética (compárense Os 2, 3; Is 62, 4).</p>
<p>María se preguntaba qué significaría aquel saludo, cuando el Ángel le anunció que concebiría un Hijo que sería grande, al cual Dios le daría el Trono de David, cuyo reinado sería eterno, y a quien pondría por nombre Jesús (véanse vv. 29-33). María sería la Casa de Dios en la Historia, su puerta a la Humanidad. Aquella bella jovencita fue llamada a ser la Madre del Salvador.</p>
<p><strong>La promesa empezó a cumplirse</strong><br />
María, la Virgen, preguntó cómo sucedería eso (véase v. 34). El Mensajero, con excelsa delicadeza, le dijo: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios” (v. 35). La maternidad de María es obra del Espíritu, del poder de Dios como sombra que fecunda. Gabriel, enseguida, sin que María lo hubiera solicitado, adujo, como señal, el embarazo de Isabel (véanse vv. 36-37).</p>
<p>La realización del sueño de Dios en la Historia dependió de una respuesta humana; en su inmensa bondad decidió hacerse varón, pero no sin la anuencia de una mujer: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho” (v. 38). Por eso la Iglesia siempre ha enseñado que María ocupa un lugar único en la obra de nuestra salvación.</p>
<p>El Sí de María, símbolo de la libertad humana, es parte importantísima del proyecto divino. El Ángel dejó a María, pero la Palabra permaneció. La Encarnación era una realidad: la promesa empezó a cumplirse.</p>
<p><strong>“Tú, Señora, que a Dios hiciste niño”</strong><br />
El Evangelio nos invita a profundizar en la misión femenina como punto central ante muchos cuestionamientos de nuestra Sociedad. Dios quiso participar de nuestra naturaleza humana, y fue deseado y acogido por una madre. La vida de María se encuentra resumida en su Sí. Su fecundidad es ilimitada porque semejante Sí sigue posibilitándonos participar de la Vida. Unámonos al agradecido canto del poeta: “Tú, Señora, que a Dios hiciste niño, / hazme niño al morirme / y cúbreme en el manto de armiño / de tu luna al oírme, con tu sonrisa”.</p>
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		<title>Vamos hacia Dios amando</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 19:38:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[775]]></category>

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El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia nos invita a celebrar hoy, proclama el testimonio leal y fidedigno del más grande hombre entre los nacidos de mujer: Juan el Bautista, que nos introduce en el corazón del Misterio de la Persona de Jesús, de quien confesó no ser digno siquiera de desatar las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Juan López Vergara</em></p>
<p>El Santo Evangelio que nuestra Madre Iglesia nos invita a celebrar hoy, proclama el testimonio leal y fidedigno del más grande hombre entre los nacidos de mujer: Juan el Bautista, que nos introduce en el corazón del Misterio de la Persona de Jesús, de quien confesó no ser digno siquiera de desatar las correas de sus sandalias (Jn 1, 6-8. 19-28).</p>
<p>“Más que un Profeta”<br />
El Bautista fue un siervo de Dios que dedicó su vida a dar testimonio de la luz, buscando siempre conducir a todos a la fe en Aquél que había cautivado su esperanza (véanse vv. 6-8). Cuando cuestionaron su identidad, Juan aclaró que no era ni el Mesías ni Elías ni el Profeta (véanse 19-21); pero enseguida le preguntaron: “¿Qué dices de ti mismo?” (v. 22). El Bautista, entonces, recurrió a la Palabra de Dios anunciada por el Profeta Isaías: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’” (v. 23 compárese Is 40, 3).</p>
<p>Juan se consideró a sí mismo sólo una voz. Él no es la luz del mundo, sino únicamente una lámpara provisional (compárese Jn 5, 35). Juan nunca se comportó como “una caña agitada por el viento” (véase Lc 7, 24), porque respondió fiel y verdaderamente a su extraordinaria vocación de Heraldo de Dios como hombre de palabra: honesto, congruente, confiable, de quien el propio Jesús dijo haber sido “más que un Profeta” (Lc 7, 26).<br />
En el corazón del Misterio</p>
<p>Pero aquellos emisarios no se dieron por vencidos, y le interrogaron: “¿Por qué bautizas si no eres el Mesías ni Elías ni el Profeta?” (v. 25). Juan respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen; alguien que viene detrás de mí, a quien no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias” (vv. 26-27).<br />
El evangelista tiene sumo cuidado en precisar que todo esto “sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán” (v. 28), para destacar el propósito revelador y moral de la historia, que conforme a nuestra fe cristiana, entraña un valor absoluto. El Bautista nos incorpora, así, en el profundo Misterio de la Persona de Jesús: ¿Quién es Aquél de quien ni el que es más que un Profeta se considera digno de desatar las correas de sus sandalias?</p>
<p>“Conocimiento interno de Cristo”<br />
Pidamos en la gozosa liturgia de hoy, a la manera de San Ignacio: “Conocimiento interno de Cristo”, que nos ayude a descubrir su inefable bondad; “conocimiento interno de Cristo”, que nos conduzca a seguir su ejemplo y a pasar por el mundo haciendo el bien (compárese Hch 10, 38); “conocimiento interno de Cristo”, que nos lleve a vivir siempre alegres, orando sin cesar, dando gracias en toda ocasión, pues -como enseña san Pablo- es lo que Dios quiere de cada uno de nosotros, en Cristo Jesús (compárese I Ts 5, 16-22).</p>
<p>¿Será por ello que San Agustín asegura que: “Vamos hacia Dios no caminando, sino amando”?</p>
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		<title>La maravillosa noticia</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 22:01:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Palabra del Domingo]]></category>
		<category><![CDATA[774]]></category>

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		<description><![CDATA[Juan López Vergara
Nuestra Madre Iglesia, en este Segundo Domingo de Adviento, ofrece el primerísimo texto del Santo Evangelio según Marcos, donde El Bautista anuncia la inminente Buena Nueva de la intervención de Dios en su Hijo: Jesucristo, por lo cual debemos prepararnos con gozo y responsabilidad (Mc 1, 1-8).
El verdadero comienzo
El evangelista introduce su obra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img hspace="5" alt="35" vspace="5" align="left" src="http://www.semanario.com.mx/ps/wp-content/uploads/2011/12/35-30.jpg" width="205" height="246" />Juan López Vergara</em></p>
<p>Nuestra Madre Iglesia, en este Segundo Domingo de Adviento, ofrece el primerísimo texto del Santo Evangelio según Marcos, donde El Bautista anuncia la inminente Buena Nueva de la intervención de Dios en su Hijo: Jesucristo, por lo cual debemos prepararnos con gozo y responsabilidad (Mc 1, 1-8).</p>
<p><strong>El verdadero comienzo</strong><br />
El evangelista introduce su obra con inspirada genialidad: “Éste es el principio del Evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios” (v. 1). Marcos evoca las palabras iniciales del Libro de los Orígenes: “En el principio, creó Dios el cielo y la Tierra. La Tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1, 1-2). Para el evangelista, “el principio” no entraña únicamente el comienzo de su Libro, sino la noticia de una Nueva Historia, que inicia con la Buena Nueva de Jesucristo.</p>
<p>El pasaje, por lo tanto, ostenta una esmerada inclusión: La Historia de Jesús, entronizado como Rey mesiánico, iniciador del Reino de Dios; y del Espíritu, artífice de la primera Creación, por quien va a actuar Jesús: “Yo los he bautizado a ustedes con agua -dice Juan- , pero Él los bautizará con el Espíritu Santo” (v. 8).</p>
<p>La predicación del Bautista lleva la impronta de su propia insuficiencia; su bautismo de agua es temporal, preludio del Bautismo definitivo, el del Espíritu. Con Jesucristo, entonces, inició el verdadero comienzo, que abarca y orienta todo: el Libro entero de Marcos debemos escucharlo como Buena Noticia sobre Jesucristo.</p>
<p><strong>La conversión es parte de la Buena Nueva</strong><br />
La Venida del Señor estaba anunciada por los Profetas: “He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” (vv. 2-3 compárense: Ml 3, 1 e Is 40, 3). Juan predicó un bautismo de “metanoia”, o sea de conversión, y justamente en el desierto, el lugar de camino de vuelta a Dios (véanse vv. 4-5). ¿Cómo puede el corazón alegrarse con la venida del Señor, si no expulsa el pecado que le pesa (compárese Sal 51, 5)?</p>
<p>Y aquel austero Profeta, auténtico hombre de Dios, con absoluta claridad declaró que la salvación tiene su última y definitiva palabra en Jesucristo (véanse vv. 6-8).</p>
<p><strong>¡Despertar!<br /></strong>¿Acaso el Adviento sea el tiempo oportuno de leer piadosamente la Biblia para propiciar un encuentro con Jesucristo (compárese Jn 5, 39); o de enviar una carta, amable y sincera, a esa persona de la que estamos distanciados (compárese Mt 5, 23-24); o de visitar a los enfermos, a los presos, a los desamparados, en quienes Cristo nos muestra su rostro? (compárese Mt 25, 34-40).</p>
<p>La conversión forma parte de la Buena Nueva, pues es nuestra respuesta a la salvación ofrecida por Dios. Canta el poeta que: “Tras el vivir y el soñar, / está lo que más importa: / despertar”. Sí, con gozosa responsabilidad, despertemos a la maravillosa Noticia de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios.</p>
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